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miércoles, 25 de marzo de 2020

Historias de la Nueva Era: El Capitán Aposteriori

Salí a la terraza del comedor que, por esas cosas tan poco artificiales de los orígenes, mis padres decidieron llamar “el terraillo”, quizá para diferenciarla por el tamaño de las del resto de la casa, y que muchas décadas después así se quedó, pero que solo le choca la palabra a uno cuando la individualiza, la saca de su contexto cotidiano y se para a pensar en la misma. Se quedó con ese andalucismo, como que yo me quedé con “el nene”, supongo que, para diferenciarme en su momento, también por el tamaño, y también en el contexto cotidiano-familiar. El nene de sesenta y cuatro años…

Decía que, salí a la terraza para embelesarme en una nueva puesta de sol primaveral pues, como ya dije una vez, no solo no hay dos puestas de sol iguales, sino que cada una de ellas encierra una multitud, cambiando a cada instante según va variando la luz.

La temperatura también ha cambiado, la brisa que siempre acompaña a la despedida del sol era muy fría, y me vino a la cabeza (como evitarlo), que en algún medio y algún científico (o eso se dicen), especulaban con que la pandemia esta, disminuiría conforme ascendiesen las temperaturas. Pues si hay alguien manejando el termostato de la máquina del aire acondicionado del país, no parece estar por la labor.

Pero claro, el llevar esta vida que padecemos en estos momentos, tiene la cosa esta de que al cerebro le da tiempo hasta para liberarse de sus ocupaciones habituales. Me refiero a que le sobra tiempo, incluso después de haberlo perdido en eso de mirar las musarañas y demás, y claro, en mi falta de conocimientos, que siempre he reconocido, me asaltan entre otras, un par de dudas:

¿Cómo es posible que siendo un virus que utiliza los mismos medios que otros para contagiarse, como el Ébola por ejemplo, haya infectado a la población de las cuatro esquinas (metafóricamente) del planeta, en tan solo cuatro meses, y el Ébola, por ejemplo, que también se vincula su origen de transmisión a los murciélagos, no haya salido, salvo puntualmente, del continente africano?

¿Tienen algo que ver las corrientes de aire y hay algo que se nos oculta (no quiero que suene a conspiranoico, pues en los tiempos actuales parecería imposible ocultarlo), y de ahí que la mayor parte se concentre en la llamada “Célula de Ferrel”, según un artículo de La Voz de Galicia (15-03-2020?

 

Bueno, estas solo son las derivas incontrolables de las neuronas, pero ayer escuché a Antón Losada hacer referencia a un súper héroe de South Park, de cuya identidad se han apropiado muchos de quienes se dicen nuestros líderes y dirigen nuestras vidas.  Se trata del Capitán Aposteriori. Todos estos iluminados que, a posteriori, saben lo que había que haber hecho. Entre ellos los que le echan la culpa a la manifestación del 8 de marzo mientras se montaban un mitin, quienes también le echan la culpa a eso mientras habían estado vendiendo que ese año, contrariamente a lo que habían hecho anteriormente, iban a ir a la manifestación, e incluso quienes también utilizan el mismo argumento pese a que no habían ido ningún año.  La gente, que hasta hace dos días se vanagloriaba y chuleaba (Aguirre) de cargarse la sanidad pública. Los que hablaban de privatizar (Abas-Kal) para eliminar prebendas y subvenciones a gentes como él, que no había dado un palo (de los de currar, de los otros seguro que si), y ha vivido toda su vida de lo público. Unos y otros, cuyas propuestas para salvar nuestras vidas son poner banderas, construir monumentos y/o ilegalizar independentistas, ajusticiarlos o pedir la expulsión de los comunistas-populistas-chavistas del gobierno, y dejar a su suerte a miles de inmigrantes, para que puedan extender involuntariamente la enfermedad. Si, esos representan a quienes les han votado o les aplauden. Por cierto, que toda esta gente, los que gobiernan, están para actuar “a priori” y decidir “a posteriori” de acontecer lo imprevisto, no para decirnos lo grave y difícil que es el problema, porque para eso ya estaba “la portera de Nuñez”, y sobre todo, para anteponer la vida de los ciudadanos a los intereses de las de las grandes empresas que, en realidad, es a quienes realmente representan. Difícilmente nos los creeremos si nos asomamos a la terraza de casa, y vemos los obreros de tres construcciones particulares de alrededor, trabajando (no por su deseo, seguro) o una cantidad de tráfico sospechosa en las entradas y salidas de Barcelona. Y desde luego, más difícilmente, si cada día desfilan militares, policías y guardias civiles cargados de medallas, hablando de guerras, con proclamas sacadas de las tropas franquistas y en realidad amenazando y asustando a la población, pero no por este virus, sino por el que lleva muchas decenas inoculado en una gran mayoría de este país, el del autoritarismo y la falta de cultura democrática.


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