Historias de la Nueva Era: El Capitán Aposteriori
Salí a la terraza del comedor que,
por esas cosas tan poco artificiales de los orígenes, mis padres decidieron
llamar “el terraillo”, quizá para diferenciarla por el tamaño de las del resto
de la casa, y que muchas décadas después así se quedó, pero que solo le choca
la palabra a uno cuando la individualiza, la saca de su contexto cotidiano y se
para a pensar en la misma. Se quedó con ese andalucismo, como que yo me quedé
con “el nene”, supongo que, para diferenciarme en su momento, también por el
tamaño, y también en el contexto cotidiano-familiar. El nene de sesenta y
cuatro años…
Decía que, salí a la terraza
para embelesarme en una nueva puesta de sol primaveral pues, como ya dije una
vez, no solo no hay dos puestas de sol iguales, sino que cada una de ellas encierra
una multitud, cambiando a cada instante según va variando la luz.
La temperatura también ha
cambiado, la brisa que siempre acompaña a la despedida del sol era muy fría, y
me vino a la cabeza (como evitarlo), que en algún medio y algún científico (o eso
se dicen), especulaban con que la pandemia esta, disminuiría conforme
ascendiesen las temperaturas. Pues si hay alguien manejando el termostato de la
máquina del aire acondicionado del país, no parece estar por la labor.
Pero claro, el llevar esta vida que
padecemos en estos momentos, tiene la cosa esta de que al cerebro le da tiempo
hasta para liberarse de sus ocupaciones habituales. Me refiero a que le sobra
tiempo, incluso después de haberlo perdido en eso de mirar las musarañas y demás,
y claro, en mi falta de conocimientos, que siempre he reconocido, me asaltan
entre otras, un par de dudas:
¿Cómo es posible que siendo un
virus que utiliza los mismos medios que otros para contagiarse, como el Ébola
por ejemplo, haya infectado a la población de las cuatro esquinas (metafóricamente)
del planeta, en tan solo cuatro meses, y el Ébola, por ejemplo, que también se
vincula su origen de transmisión a los murciélagos, no haya salido, salvo
puntualmente, del continente africano?
¿Tienen algo que ver las
corrientes de aire y hay algo que se nos oculta (no quiero que suene a
conspiranoico, pues en los tiempos actuales parecería imposible ocultarlo), y
de ahí que la mayor parte se concentre en la llamada “Célula de Ferrel”, según
un artículo de La Voz de Galicia (15-03-2020?
Bueno, estas solo son las
derivas incontrolables de las neuronas, pero ayer escuché a Antón Losada hacer
referencia a un súper héroe de South Park, de cuya identidad se han apropiado
muchos de quienes se dicen nuestros líderes y dirigen nuestras vidas. Se trata del Capitán Aposteriori. Todos estos
iluminados que, a posteriori, saben lo que había que haber hecho. Entre ellos
los que le echan la culpa a la manifestación del 8 de marzo mientras se
montaban un mitin, quienes también le echan la culpa a eso mientras habían
estado vendiendo que ese año, contrariamente a lo que habían hecho
anteriormente, iban a ir a la manifestación, e incluso quienes también utilizan
el mismo argumento pese a que no habían ido ningún año. La gente, que hasta hace dos días se
vanagloriaba y chuleaba (Aguirre) de cargarse la sanidad pública. Los que
hablaban de privatizar (Abas-Kal) para eliminar prebendas y subvenciones a
gentes como él, que no había dado un palo (de los de currar, de los otros
seguro que si), y ha vivido toda su vida de lo público. Unos y otros, cuyas
propuestas para salvar nuestras vidas son poner banderas, construir monumentos
y/o ilegalizar independentistas, ajusticiarlos o pedir la expulsión de los
comunistas-populistas-chavistas del gobierno, y dejar a su suerte a miles de inmigrantes, para que puedan
extender involuntariamente la enfermedad. Si, esos representan a quienes
les han votado o les aplauden. Por cierto, que toda esta gente, los que
gobiernan, están para actuar “a priori” y decidir “a posteriori” de acontecer
lo imprevisto, no para decirnos lo grave y difícil que es el problema, porque
para eso ya estaba “la portera de Nuñez”, y sobre todo, para anteponer la vida
de los ciudadanos a los intereses de las de las grandes empresas que, en
realidad, es a quienes realmente representan. Difícilmente nos los creeremos si
nos asomamos a la terraza de casa, y vemos los obreros de tres construcciones
particulares de alrededor, trabajando (no por su deseo, seguro) o una cantidad
de tráfico sospechosa en las entradas y salidas de Barcelona. Y desde luego, más difícilmente, si cada
día desfilan militares, policías y guardias civiles cargados de medallas,
hablando de guerras, con proclamas sacadas de las tropas franquistas y en
realidad amenazando y asustando a la población, pero no por este virus, sino
por el que lleva muchas decenas inoculado en una gran mayoría de este país, el
del autoritarismo y la falta de cultura democrática.
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