Historias de la Nueva Era: Aferrarse a la vida (Desconfinando la memoria)
A Alejandro lo nacieron cuando apenas había cumplido los seis meses de
gestación. En ese momento pesaba 900 gramos que unas pocas horas después se
convirtieron en 750. Eso fue un 25 de octubre de 1989. Todas las noches, ya de
madrugada para evitar aglomeraciones de las familias de los otros niños y niñas
que también estaban allí, y no molestar el trabajo de médicos y enfermeras,
íbamos junto a esa incubadora con el corazón en vilo en una evolución que como
pasa en estos casos estaba llena de altibajos. Más o menos a las tres semanas,
cuando le pudieron retirar la alimentación inducida, nos lo dejaron coger en
brazos porque decían las enfermeras que era bueno que siéntese el calor de sus
padres (yo me figuro que también nuestro olor y nuestra voz), y de paso le
diésemos esa última comida del día.
Una noche les pregunté si podía llevar la cámara para hacerle una foto y me dijeron que si porque a las horas que íbamos no molestaríamos, pero sin flash. Creo yo que debía ser al mes de su nacimiento y le hice una decena de fotos, básicamente en brazos de su madre, en diapositivas que era el formato que utilizaba por aquellos tiempos. Después de retornarlo nuevamente a la incubadora tras haber comido, Alejandro, con su manita que apenas tenía el grosor de un dedo de adulto, se agarró fuertemente al dedo de mamá Rocío. Se agarró a la vida.
Últimamente dedico más tiempo del habitual (ya es dedicar) a meterme en los
archivos fotográficos como lo haría un arqueólogo en su excavación,
desenterrando esas miles de piezas para desechar toda la basura que vamos guardando
“gracias” a la era digital (fotos “casi” iguales, movidas, desenfocadas, etc.,)
pero que uno no borra por si acaso (por si acaso, ¿qué?) También como ellos, me
dedico a pasar la escobilla por encima de las piezas importantes (simplemente
las que me gustan), para pulirlas y/o editar alguna que le falta algún retoque,
por lo que, como no se me apetece escribir sobre lo que estamos viviendo,
porque uno tiene sentimientos encontrados, pero uno común, el estado de ánimo
deprimido, probablemente ponga alguna por aquí.
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