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lunes, 1 de marzo de 2021

Historias de la Nueva Era: La extraña y gigantesca ave sobre Barcelona (Desconfinando la memoria)

Todo empezó el 10 de junio de 1990, a través de una carta, publicada en la sección “Cartas de los lectores”, de La Vanguardia.

En 1990 no sé si algún cerebro iluminado habría pergeñado en el garaje de su casa o en el incipiente Silicon Valley, lo que sería el boom de las redes sociales en la comunicación masiva entre ciudadanos, a través de internet; pero en 1990 el “twiter” del que disponían estos ciudadanos para expresar sus inquietudes y opiniones eran, sin duda, las llamadas “Cartas al director” o como en este caso, “Cartas de los lectores”; espacio del que disponían casi todos los diarios generalistas.

Ese domingo de junio, un lector escribió: “…la noche del 28 de mayo, algunos vecinos del barrio de Les Corts, nos despertamos ante los insoportables “graznidos” de un ave; no un ave cualquiera; nuestro estupor fue inmenso al salir al balcón y ver una silueta negra de un ave de grandes dimensiones. Quizá debería medir entre 3 o 5 metros, y no exagero. Numerosos fueron los vecinos que lo vieron, y numerosos también los comentarios al día siguiente” … “… ¿Qué era? Y lo que es más extraño, ¿Por qué no ha aparecido ninguna noticia en la prensa?”

 

A partir de ahí, y durante los siguientes tres meses, se puede decir que no hubo día, en esa sección, de algún lector que no hiciese referencia a la “Extraña y Gigantesca ave”. Hubo de todo, gente que se lo tomó por el lado cómico y de broma, otros que se lo tomaron muy en serio, y hasta se mostraban ofendidos, haciendo hincapié en su formación (matemáticos, filósofos, un exalcalde, etc.), para dar mayor credibilidad a sus opiniones, e incluso algunos que se declaraban “expertos en ornitología” y trataban de dar lecciones al resto.

El 18, uno que se identifica como ornitólogo, hace referencia a la nueva hipótesis, la de la paloma mutante: “…Que los sonidos emitidos por el ave fuesen descritos como “graznidos”, descarta la apuntada hipótesis de una paloma mutante. Los colúmbidos no graznan”.

El día siguiente, alguien, tras explicar su experiencia ante la visión del ave, hace un llamamiento “……que las autoridades correspondientes pudieran actuar y responsabilizarse del tema, por si dicha ave entrañara algún peligro para la población”.

El sábado 23, un tal JUAN B., dice que “…he identificado el gran pájaro negro, ave de mal agüero, que sobrevuela la ciudad de Barcelona. Se trata del señor Borrell, que viene por lo de la renta”.  

En días sucesivos se incorporaron visiones de esa misma ave o similar. en otros lugares como Salou y Gavá, e incluso el genial dibujante Oscar Nebreda hizo referencia a él en alguna historieta, denominándolo “el pajarraco”.

La cosa fue derivando, incorporando febriles teorías, que, si era un albatros, una gaviota mutante o incluso ¡un pterodáctilo!, que, aunque parezca mentira, tuvo bastantes seguidores. La historia fue languideciendo al mismo tiempo que los calores veraniegos. Tras unos días de silencio, reapareció, para despedirse definitivamente de las páginas del diario, el 7 de septiembre, con una carta que no tiene desperdicio, y resume lo que fue la historia:

“Hondo pesar nos causa la desaparición de ese ser que supo granjearse el cariño y afecto de todos cuantos le rodeaban. Nos referimos, evidentemente, a esa extraña y misteriosa, a la par que gigantesca ave, que hasta hace pocas fechas sobrevolaba la Ciudad Condal a ambiguas horas nocturnas. En la CAGAM (Coordinadora de Apoyo a la Gigantesca Ave Misteriosa) nos sentimos consternados, ya que suele suceder que la falta de noticias es la peor noticia.

No sabemos, si nuestra querida ave, habrá ido de observadora imparcial al conflicto del golfo Pérsico o simplemente se habrá escondido, temerosa, al oír esos horribles sonidos ¿procedentes del averno?, que retumban hoy en día en Barcelona: “Aquet any sí”, “Ja tenim equip”. Lo único que sabemos en la CAGAM, es que desde que descubrimos que, el “Viaje a la Luna” de Julio Verne, no era ficción, sólo nos queda esa hermosa ave donde reposar nuestros sueños.

La CAGAMos, o no, en un mundo que la navegación solo se relacionaba con la aérea o la marítima, y la vía para entrar en una red social como la descrita, se limitaba a un sobre, y un sello de 15 pesetas, sin preocuparse por la cobertura.  




jueves, 25 de febrero de 2021

Historias de la Nueva Era: Intelectuales de la farándula y el balompié

A Victoria Abril le han dado un premio de esos que se reparten a actores y actrices (esa gente que pone su cara, cuerpo y voz a lo que otros han pensado y escrito), y ha aprovechado para darnos un clinic y recordarnos (una más), que quienes no comulgamos con “su” verdad, somos unos monigotes, indocumentados, borregos siervos de Bill Gates, los laboratorios médicos y el contubernio internacional o liga de los países, que nos robotiza con sus pastillas de “soma”.

Con mi definición de actor no quiero faltarles el respeto, porque podría decir que, un portero de futbol, es un personaje que se junta con otros tipos en pantalón corto, como él, simplemente para que la pelotita no entre en un espacio formado por tres palos. Ni para una cosa ni otra se necesita haber estudiado (estudiar no es aprenderse de memoria lo que ha escrito otro, ni aprenderse para que lado suele chutar los penaltis un rival). Solo se necesita tener “facultades” para ejercer ese oficio (al menos en el de actor saber leer y memoria, que en el de futbolista ni eso). Sin embargo, el portero Reina nos dice que los rojo-comunistas que nos gobiernan, son lo peor que le ha pasado a su país en cuarenta años (le ha dado vergüenza decir “de la historia”, que es lo que realmente pensaba), y que hay que echarlos como sea. Palabra de portero-animador.

Para ambos ¿Alguien se imagina al premio Nobel de medicina, decir, cuando se le pregunta sobre sus investigaciones, por las que le ha sido concedido el premio, el día de la entrega, que él no quiere hablar de eso y que solo hablará de futbol y/o de cine? Pues eso es lo que ha hecho la señorona esta, que se ha negado a responder cuestiones sobre el motivo por el que estaba ahí, y para quien la pandemia es una “plandemia”. Que solo el 5% de los muertos han sido por Covid, y la vacuna un experimento en el que somos “conejillos de indias” (textual), cuyo resultado es, que la gente que se vacuna se contagia más y se muere más ¿Y de dónde le viene toda esa ciencia infusa? De internet. Ya me veo yo millones de currículos de todo el mundo, en el apartado de estudios: Medicina, Arquitectura, Ingeniería… y en el apartado de lugar o facultad: “internet”.

Por cierto, aunque en los paquetes de tabaco ponga en grandes titulares “el tabaco mata”, el tabaco no mata. El tabaco produce cáncer (de pulmón y otros órganos), y es ese cáncer quien te mata. El Covid no mata (así que incluso el 5% que dice la intelectual de las bragas de oro, es falso). El Covid produce, entre otros, neumonía en ambos pulmones y esta es la causa de la muerte.

 

Bueno, no es ella la única que ¿piensa? así o de forma parecida, y tampoco quiero faltarle el respeto a quienes tengan teorías conspiratorias parecidas, pero aún no ha sabido explicarme nadie, un desarrollo lógico de este contubernio.

Según esta señora, todo esto es una “plandemia”, es decir “un plan”, y es que todos y todas coinciden que el objetivo último es privarnos de libertad y controlar todos los movimientos, gustos, y actividades de los ciudadanos. Además, quedaremos en manos de Bill Gates y de paso en las de los grandes laboratorios médicos, que también controla este personaje, y así aparte de enriquecerlos hasta el extremo, podrán introducirnos sus mejunjes y chips, con los que llevar a cabo sus objetivos descritos. Vale, lo pillo pese a mi borreguil intelecto, y eso quiere decir:  

Que todos los países, independientemente de sus regímenes políticos, democracias o dictaduras, se han puesto de acuerdo para este engaño. Aunque a algunos, como al Kim Jong-un (Corea del Norte), lo del objetivo de privar de libertad a sus ciudadanos aun no lo ha pillado, y se pregunta por la idiotez de los países occidentales para conseguir algo que, a ellos (su papá y él), les ha costado dos telediarios porque no han necesitado ningún montaje para llevarlo a cabo.

Que, todos los países tienen como enemigos comunes a bares, restaurantes, cines y teatros; que vendrían a ser como el gobierno rojo-comunista (de Reina), con los que habría que acabar como sea. De ahí lo de no dejarlos trabajar, arruinarlos y mandar al paro a sus trabajadores.

Que, para conseguir sus objetivos hay que acabar con el turismo, compañías aéreas, hoteles, agencias y cualquier cosa relacionada con el mismo.

Que hay que acabar con los comercios de los centros comerciales y los de grandes superficies.

Que hay que acabar con las petroleras que, hasta el descubrimiento por los licenciados de internet, eran quienes manejaban el mundo con sus incrementos de precios, que hacían temblar las economías de los países, pues el precio del combustible afectaba a todos los demás sectores.  Varios meses de petroleros atracados, y caídas de precios y venta de los combustibles, solo son daños colaterales despreciables ante el objetivo supremo de quitarnos la libertad.

Que, han conseguido convencer a millones de personas dedicadas a la sanidad, independientemente de su capacidad intelectual, de la existencia de ese falso virus, y de paso pasar horas y horas, disfrazados bajo capas de tela, plásticos, mascarillas y gafas de buzo, sin duda porque todos esos millones de personas no se han informado en internet.

En definitiva, todos los países del mundo se han puesto de acuerdo, contando naturalmente con la complicidad de sanitarios, bomberos, policías, funerarias, servicios de emergencia etc., para hundir sus economías y mandar al paro, la miseria, y en muchos casos a la indigencia, a millones de ciudadanos, con el fin de privar/ limitar la libertad y controlar su vida… y eso te lo dicen con un móvil en la mano (el mismo con el que se conectan para informarse y aprender, en esas páginas de internet que nos dice la Abril). El mismo móvil donde tienen instaladas APPs (programas), con los que hacer chorradas del tipo “Face”, “Tik tok”, “Instagram” … a los que han dado permiso para acceder a su localización, datos de navegación, contactos, gustos, búsquedas… y a toda la actividad de su vida en general, ya que sino no funcionan. Eso sí, el peligro es que nos quieren inyectar una supuesta vacuna, que para unos es un experimento y para otros un “chis”, con el que controlarnos la vida.

Y así estamos, en la era de la información.




jueves, 18 de febrero de 2021

Historias de la Nueva Era: El huevo de Colón 

No hay tarde turbia, que no mejore un café en la loma de una colina, y la ciudad a tus pies. Si ese no sabía al mejor café del mundo, se parecía bastante.

Ciertamente, la atmosfera estaba con ese aspecto lechoso que tiene a bien acompañarnos estos días, pero tirando de teleobjetivo, al fondo, entre la torre Colón y una de las del teleférico, se podía ver la estatua de Colón, con su dedo señalando a... !!Italia¡¡ Si, se le supone que debería estar señalando a América, pero cuentan que, a los barceloneses, se les iba a hacer muy extraño que el dedo señalase a Las Ramblas, que es la dirección correcta del continente americano.

Yo no sé, pero allí arriba, saboreando aquel delicioso café, algo me decía que había que ir más allá de aquel mar mediterráneo, seguir su estela, sobrevolar la península itálica, seguir aquel dedo que en realidad señala a oriente y, tras atravesar desiertos, acabar en un palacio de los Emiratos Árabes, donde se refugia el rey emérito. Hace más de 500 años que el dedo de Colón nos venía avisando y nos lo había puesto a "huevo". Como la cosa esta.



Al otro lado de la montaña de Montjuic, tras el espigón del puerto, una flota de petroleros permanece atracada esperando tiempos mejores. Ahora que la gasolina está asequible no podemos disfrutarla por estar confinados. No es una casualidad, ambas cosas están ligadas. "Si naciste pa martillo, del cielo te caen los clavos".



Todo se acaba, hasta el café, así que a recogerse que mañana será otro día.








martes, 19 de enero de 2021

Historias de la Nueva Era: 2020 Primer año de la pandemia


Y se acabó 2020, el año que lo cambió todo. Las últimas semanas el debate sobre las restricciones navideñas lo ocupó casi todo. De repente, todo el mundo quería celebrar esa festividad y parecían imprescindibles esas reuniones familiares, entorno a una mesa donde se amontonaría más comida de la que era posible consumir, codo con codo con quienes, por lo habitual, en muchos casos, resultaba insoportable la convivencia. Esos que las redes empaquetaban en genérico como “los cuñaos”.

2020 fue el año del “Gloria”, que se llevó por delante lo que encontró a su paso a lo largo del litoral catalán, comiéndose kilómetros del mismo y las infraestructuras que lo bordeaban. El temporal también desbordó rieras, inundando campos en su entorno. Entonces no se podía aventurar, pero fue el primer aviso de que ese año no iba a ser como los demás.

2020 fue el año de la “huida” del Emérito, acosado por los destapes de su corrupción y los líos de faldas. Se abrió la caja de Pandora y, lo que al parecer “todos sabían”, salió a la luz. La cañería empezó a tener escapes y no hubo manos para taparlos, pero no porque en este hipócrita país alguien hubiese dicho basta. Tuvo que ser la justicia y la prensa suiza la que abrió esa caja. De repente, el rey emérito, “el campechano”, fue simplemente un delincuente con inmunidad y protección absoluta del establishment, y de paso, se les cayó la careta a muchos, sobre todo a ese PSOE que se proclama republicano, pero camina en primera línea en el frente de defensa de la monarquía.

2020 también fue el año en que se instauró el llamado “gobierno más progresista de la historia”, con el pacto PSOE-Podemos. En realidad, tan solo un pacto para colmar las ansias de figurar de algunos líderes de Podemos, y la jugada maestra de los llamados socialistas, engullendo y dejando sin voz, a los únicos que podían sacar sus vergüenzas de presunta izquierda, al descubierto.

2020, obviamente, fue el año en que decenas de miles de españoles dejaron este mundo sin poder despedirse de sus familias. De ancianos abandonados a su suerte en las residencias. Sin derecho a ser atendidos en un hospital, salvo aquellos con posibles para pagarse un seguro privado.

2020 se va, pero nos deja un mundo escondido tras una mascarilla. Un mundo dividido entre el temor de unos y las provocaciones e incivismo de quienes desprecian a quienes se protegen.

2020 se va, pero nos deja un mundo encerrado en sí mismo, un mundo sin apenas viajeros.

2020 se va, y nos deja un mundo de jóvenes insolidarios e insumisos.

2020 se va, pero nos deja un mundo con las interacciones sociales restringidas, cuando no prohibidas.

2020 se va, pero nos deja un mundo del deporte, de estadios, pabellones y pistas vacías.

2020 se va, pero nos deja un mundo de teatros y salas de cine cerrados, y en general, a la cultura confinada.

2020 se va, pero nos deja la reforma laboral y la ley mordaza del PP.

2020 se va, pero se queda esa panda de negacionistas, muchos de ellos que llevan años viviendo a costa de los demás, y que, si el resto de la sociedad “no acepta pulpo como animal de compañía”, cogen el tablero y se van.

2020 se fue, y llegó un 2021 arropado por una impresionante campaña publicitaria, prometiendo vacunas y una vuelta a la normalidad, pero que lo que nos trajo fue un revival del caos organizativo y la falta de medios, tanto para las vacunas como para afrontar otra nueva ola de contagios, a la que ya no cabía la excusa de la sorpresa. El culmen fue el de la comunidad de Madrid, gastándose cien millones de euros en la construcción de un hospital para pandemias, carente de quirófanos y personal para atenderlo.

El 2021 empezó con las imágenes de una fiesta de cientos de jóvenes reunidos en una nave abandonada de Llinás, muchos de ellos venidos de diferentes países de Europa en auto caravanas y otros vehículos, que parecían sacados de los dibujos de “los autos locos”, desafiando las medidas anti-covid.

También esos primeros días, vimos a decenas de adolescentes en un pueblo de Valencia, que habían organizado una quedada a través de las redes, para darse de palos entre ellos.

A otra pandilla de adolescentes que dieron una paliza a otro, quitándole el móvil y la ropa, y subiendo las imágenes de su “heroicidad” a internet.

Manifestaciones de ultras, gritando “libertad” y cantando el “bela-ciao”, como muestra de los niveles a los que ha llegado el mundo.

Pero sin duda, la imagen que quedará para la historia, es la de los miles de supremacistas en plan “Village People”, asaltando el Senado de los EEUU alentados por Trump a través de las redes sociales.

2021 no ha hecho más que empezar y ya nos ha echado a temblar, pero eso… eso será otra historia.


martes, 8 de diciembre de 2020

 

Historias de la Nueva Era: Pandemia

Barcelona 7 de diciembre de 2020… Un inicio así, con tipografía digital y un golpeteo de tecla con la aparición de cada letra, podría haber sido el principio de una película de ciencia ficción. El argumento nos mostraría un futuro apocalíptico, de calzadas colapsadas por los vehículos, gentes con mascarillas, circulando muchos atemorizados por ese enemigo invisible que puede atacarnos desde cada partícula del aire, otros, los más jóvenes, de aspecto despreocupado, quizá como símbolo de una rebeldía que no encuentra acomodo en una mente poco educada para las cuestiones sociales, y colas, interminables filas humanas para acceder a comercios, bancos, vehículos de servicio público… La nueva normalidad.

Una ambulancia destroza los tímpanos, estridente, mientras intenta atravesar el rio de vehículos que bloquea la calzada. Sentado en el borde de la acera, junto al paso de peatones, encogido sobre sí mismo, un anciano y a su lado la que debe ser su esposa, que le hace señales con la mano a la ambulancia, a apenas una cincuentena de metros, pero que parece una quimera el llegar hasta ella. La gente que espera para cruzar, no se acerca a la pareja y lo que parece que es imposible, el mantener la distancia mínima recomendada de los dos metros, aquí se multiplica por dos. Pienso que en la actualidad es fácil que, si uno tiene cualquier contratiempo en la vía pública, acabe abandonado como un perro. Cuando me aproximo, la mujer le está haciendo las señales a la ambulancia, por lo que no cabe otra cosa que hacer. Un joven se acerca y le pregunta a la mujer si “la puc ajudar”, y ella le dice que ya está aquí la ambulancia. El hombre, que parece un poco congestionado en lo poco que deja libre la mascarilla, tose un par de veces y noto que los más cercanos retroceden otro par de pasos. La ambulancia ya está aquí.

La balsa del monumento a Macià está tomada por las gaviotas, y en un momento dado, se organiza una trifulca entre ellas, graznan amenazadoras y se atacan disputándose los despojos de una paloma. La que sale triunfadora se aleja unos metros con ellos en el pico y los abandona. Que humano me resulta, al parecer la disputa solo era por la propiedad no por la necesidad.

Tengo una sensación extraña, es como si estuviésemos bajo la mira de un francotirador que, si te alcanza, puede fastidiarte la vida o quizás acabar con ella. La que un día fue acogedora, la siento ahora como triste, desabrida e inhumana. En lo que va de año es la segunda vez que bajo a la ciudad, eso no me había pasado en mi vida y lo cierto es que me he encontrado extraño en una ciudad extraña.


sábado, 28 de noviembre de 2020

Historias de la Nueva Era: ¿Cuál es la diferencia entre tanatoestética y tanatopraxia?

Obviamente para encontrar estas palabrotas he tenido que mirar en internet, porque lo que yo buscaba era el nombre culto del oficio que, todos y todas conocemos como “maquillador de muertos” que, obviamente, no queda tan fino y además da mal rollo.

La “tanatoestética” es la encargada de maquillar y dar algo de lustre al cadáver. Dejarlo vistoso, vamos.

La “tanatopraxia” vendría a ser el de darle una forma humana. Recomponer sus gestos y esas cosas que también sabemos se quedan por el camino en el traspaso.


Hace unos años, en épocas distintas, dejaron el mundo de los vivos, entre otros, Fraga y la Rita Barberá. Me refiero a estos dos porque los tengo más recientes en el archivo de la memoria, y cuando ocurrió tuve los mismos sentimientos que estos días. Como soy bastante reiterativo, también quise expresar lo que entonces era perplejidad y ahora certeza, de que el ser humano es el más indigno de los bichos que pueblan el planeta.

El uno, había sido un fascista miembro de los gobiernos franquistas que firmaron alguna que otra pena de muerte y amo de las calles, entre otras cosas. La otra, una vividora, borracha y prevaricadora, de una calidad humana tan notable como para burlarse de los familiares de los fallecidos en el “asesinato” del metro de Valencia, que pedían responsabilidades y su dimisión.

En ambos casos, como en el noventa y nueve por ciento de los fallecimientos, solo que estos eran personajes públicos; entraron en acción los “tanatoestéticos” y los “tanatopraxicos”, para recomponer sus cadáveres y lavar su imagen, convirtiéndolos en adalides de las libertades, la democracia, y destacando una “vida dedicada al servicio público”.  

La cosa no tiene secretos, se trata de cepillar los trapos sucios y destacar (o inventar) los hechos positivos de su vida, es decir, maquillando (la tanatoestética) su biografía, y dejando caer de la misma esas “cosillas”, como los títulos y masters se caen misteriosamente del currículo de los políticos, de la noche a la mañana.

Así quedó que, “Don Manuel”, había sido incluso uno de los “padres” de la Constitución (si, la que no votó a favor), y de un talante tan tolerante que hasta se cruzó una partida de dominó con un “dictador comunista” como Fidel. La otra, fue convertida en una víctima de la sociedad, repudiada, que murió sola y frustrada en la habitación de un hotel, tras meterse en el cuerpo una cena de pincho de tortilla y vaso(s) de wiski.

A todo esto, están los “colaboradores pasivos”. Los que no practican directamente la tanatoestética, pero callan o suavizan los hechos, porque al parecer es lo políticamente correcto, y porque “no se habla mal de los muertos”. De lo que se deduce que la muerte iguala a todos, las buenas personas y los hijos de mala madre. Esta injusticia vendría a ser como la impunidad (inmunidad, le dicen) del emérito, que nos limpia los pecados en el momento del traspaso, para que los gusanos no sientan nauseas.

 

Esta semana ha fallecido un personaje que era drogadicto, alcohólico, pederasta, camorrista y colaborador de la Camorra. Un machista agresor, con un número de hijos, reconocidos y no reconocidos, que es la envidia del mismo Julio Iglesias. Que acabó su primer mundial expulsado, abandonó el Barça con una sanción de cuatro meses, dejó Italia suspendido por dar positivo en drogas, con una orden de cárcel de catorce meses por fraude, y que acabó su carrera “deportiva”, expulsado del mundial de EEUU por dopaje y suspendido de por vida. Se me olvidaba, además de todo eso, muchos decían y dicen, que ha sido el mejor futbolista de la historia, incluso los que solo han visto cuatro de sus goles en video, y añaden, que metió el mejor gol que se ha metido nunca en un mundial y también el más tramposo, ambos en el mismo partido, aunque el más idolatrado es el de la trampa, que ha pasado a la historia como “la mano de dios”.  

Llevamos unos días de desfile televisivo, radiofónico e internauta, de plañideros tanatoestéticos y tanatopraxicos, convenciéndonos que ese llamado “dios” de iglesia propia, también disponía de su Santísima Trinidad, y que había que diferenciar entre el futbolista, el personaje y la persona. Lo de siempre. Así, con los ojos convertidos en contenedores lacrimógenos, nos aleccionaban de que no había que hablar de “esas cosas que todo el mundo conoce”, sino de su futbol, de la felicidad que había llevado a millones de personas de todo el mundo, y a la vez, que todos ellos parecían tener una relación personal con “Diego” (así, en plan familiar), anécdotas (chorradas) con él, que les hacía sentirse más importantes, y sobre todas las cosas, que “Diego” era una gran persona. Como contaba mi suegro, médico, que le dijo una señora de esas que, si le cuentan que lo suyo no era “arreglar a los muertos” sino ejercer la tanatoestética, le suelta un guantazo a quien le profiriese ese insulto; tras emperifollar a un fallecido, se dirigió a él “mire usté que precioso y que bonito ma quedao”.

 

En fin, que mi padre se equivocó conmigo, porque me educó para ser una buena persona, y en realidad me tendría que haber educado para procurarme en vida unos buenos tanatoestéticos y tanatopraxicos, que fuesen mis biógrafos en el más acá para cuando me traspasase al más allá.


viernes, 13 de noviembre de 2020

Historias de la Nueva Era: Lo mejor que habían visto mis ojos (Desconfinando la memoria)


La otra tarde, en el Islandia de RAC1, pidieron a los oyentes que participasen, en mensajes de voz, contando cuál había sido lo mejor que habían visto sus ojos. Ese momento impresionante.

Como sucede en los concursos, en que uno participa íntimamente, aunque no lo haga en la realidad, pero sí consiguen que lo hagamos de forma virtual; naturalmente me hizo intentar encontrar cuál había sido ese “mi” momento. Evidentemente momentos impactantes a lo largo de nuestra vida tenemos muchos, pero todos los que llamaron hacían referencia a los ocurridos durante algún viaje, así que mi mente también se constriñó a esa circunstancia.

Las respuestas resultaban muy sugerentes “los millones de estrellas de una noche en el desierto”, “la llegada y el entorno del Machu Pîcchu”, “la impresionante visión del Annapurna” …

 

La noche del 21 de julio de 2015 la habíamos pasado en el alto de Furkapass, a 2.436 metros de altitud, en pleno corazón de los Alpes suizos. Fue una noche de mucha tormenta y poca agua, pero a las 4,30 el cielo estaba en calma y decidí levantarme a fotografiar la salida del sol, que tuvo inicio a las 5 de la mañana “con puntualidad suiza”.

Miguel salió con su bici a machacarse en los puertos y yo, ya que estaba levantado a esas horas, decidí que era inexcusable hacer una excursión al glaciar que se veía en un pico próximo de donde estábamos ubicados. Tampoco me quise presionar, si llegaba, bien, y si no, hasta donde llegase. Eché en la mochila un trozo de pan, otro de queso, un botellín de cerveza, y como no, “El caminante” de Hesse, al que ya me he referido en otra ocasión.

Llegar hasta el glaciar no tuvo mucho mérito, pues apenas estaba a unos tres kilómetros de distancia y los dos primeros eran de pendiente tendida. La única preocupación de seguir más allá, era que había dejado el móvil en la auto caravana y si sufría un percance, aunque solo fuera una torcedura de tobillo, nadie sabría dónde estaba. Nunca antes había tenido una sensación así, por lo que concluí que el móvil en realidad nos hacía más esclavos de él, que libres.

Una vez llegado a la nieve y el hielo del circo, saqué mi almuerzo, y mientras lo disfrutaba, me perdí en aquel horizonte de montañas piramidales, adornadas con lo que supongo nieves perpetuas, aunque cada vez más perecederas, cuyas siluetas cambiaban de forma y color por las sombras de las nubes que se desplazaban a bastante velocidad. Frente a mí, el impresionante glaciar del Ródano, de reflejo metálico, brillaba en lo que suponía hielo como el que yo mismo acababa de pisar, de un azul acuoso, en cuyo interior de grosor indefinido, parecían flotar las piedras que había ido engullendo en su, casi imperceptible, lento descenso. Residuos atrapados, como esos insectos u objetos oclusionados en bloques de resina.

Miraba todo aquello, y siento que ese fue mi momento impresionante. Impresionante porque de repente me vi allí como separado del mundo. Sentí que ese mundo, mi mundo, podía funcionar perfectamente sin mí. Que pudiera ser importante, e incluso muy importante, para algunas personas, pero que no era imprescindible para su vida, y eso me daba una enorme tranquilidad. De repente no me importaba nada de lo que estaba pasando en esos momentos ahí fuera… y me sentí muy bien.

“… El mundo es más hermoso. Estoy solo, y la soledad no me hace sufrir. No deseo otra cosa. Estoy dispuesto a dejarme cocer por el sol. Siento avaricia de madurar. Estoy dispuesto a morir, dispuesto a nacer de nuevo...” (El caminante)

 

En mi pos adolescencia (en un viaje a Tarifa), compré “El caminante” de Hesse. No lo conocía, simplemente me atrajo la sinopsis…

“… documenta una de las fases más importantes de su evolución: el distanciamiento de los rituales de la existencia y la seguridad burguesas, el paso de la vida activa a la vida contemplativa…”

Y principalmente, me pareció de un tamaño adecuado para rellenar algunos huecos de los días vacacionales.

Escrito en 1918, Hesse, en prosa, poemas y apuntes de acuarela, narra sus sensaciones en una travesía a pie que lo lleva desde Alemania a Italia, atravesando los Alpes. Mi mente soñadora viajaba con él. Ambos atravesábamos aquel paso de montaña, nos acercábamos a una aldea y también yo sentía en mi paladar el sabor de aquel vaso de vino, tomado bajo la parra de un hogar del camino.

Ese día estaba en esos mismos Alpes, a apenas una decena de kilómetros de territorio italiano, un par de montes más allá, en mitad de un amplio semicírculo de nieve fresca y hielo, bajo un pico culminado por una cruz. Lo sentía como algo natural, en absoluto excepcional, y busqué entre las páginas:

“El viento sopla sobre el valiente sendero. Árboles y arbustos han quedado atrás, aquí solo hay piedra y crece el musgo. Nadie tiene nada que buscar aquí, nadie posee nada, los campesinos no tienen heno ni madera en estas alturas. Pero la lejanía atrae, el anhelo consume, y ellos son quienes han construido, a través de rocas, pantanos y nieve, este buen sendero que conduce a otros valles, otras casas, otras lenguas y otros hombres.

Me detengo en el punto más alto del paso. El camino desciende por ambos lados, hacia ambos lados fluye el agua, y lo que aquí se encuentra próximo y va de la mano, halla su derrotero hacia dos mundos…”

 

Ya era mediodía, las ovejas que tanto me habían “impresionado” la tarde anterior (a las que me referiré próximamente), ya habían alcanzado la mitad de la ladera del valle a mis pies. Había llegado la hora de regresar y reincorporarme al mundo real…

¿Y tú? ¿Qué es lo mejor que han visto tus ojos, los exteriores y también los interiores?

 

“... vencer el sedentarismo y despreciar las fronteras convierte a la gente de mi clase en postes indicadores del futuro. Si hubiera más personas que sintieran mi profundo desprecio por las fronteras, no habría más guerras ni bloqueos. No existe nada más odioso que las fronteras, nada más estúpido. Son como cañones, como generales: mientras reina el buen sentido, la humanidad y la paz, no nos percatamos de su existencia y sonreímos ante ellas, pero en cuanto estallan la guerra y la demencia, se convierten en importantes y sagradas…”