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miércoles, 3 de octubre de 2012

Génesis


DEUDA= ESCLAVITUD
Cuenta la Biblia (esas historias para dormir que sirven de guía a los que nos mandan y a muchos de los que quisieran mandar), que el judío José (hijo de Jacob), fue nombrado primer ministro por el Faraón egipcio después de que interpretase uno de sus sueños premonitorios que le decía que a "siete años de grandes cosechas le seguirían siete años de hambruna (vacas gordas y flacas).
El ministro José durante esos siete años de bondades acaparó grandes cantidades de grano incrementando el tributo que los súbditos estaban obligados a pagar al faraón. Recaudo tanto grano que hubo que construir muchos más almacenes que quedaron llenos a rebosar.
Tras estos siete años de bondad y exuberancia, siguieron años de sequía, los campos se volvieron improductivos y el pueblo fue a pedir grano al faraón para poder sobrevivir. José les vendió el grano a precios elevadísimos dejando sin recursos a la población. Como seguía la hambruna estos volvieron a rogar a su rey y, ya sin recursos económicos, José les cambió grano por sus animales de labranza. Acabaron con estas reservas también y el primer ministro les entregó grano a cambio de sus tierras.
Ya sin dinero, sin animales ni tierras, muriendo de inanición el pueblo pidió nuevamente grano al faraón, y José, que ya les había dejado sin dinero, animales ni propiedades, les entregó el grano a cambio de que se convirtiesen en propiedad del faraón y por tanto sus esclavos.
Entre tanto, los hijos de Jacob (hermanastros de José), que lo habían vendido como esclavo, una vez perdonados por él iban también a comprar grano a Egipto que era el único sitio donde se podía adquirir, pero este, además de llenarles los sacos de trigo les devolvía dentro los dineros que habían pagado e incluso caros regalos.

Ahora que cada uno piense quien es José, el Faraón, las vacas, el grano, las tierras, el pueblo egipcio y la familia de José. Por otro lado, poner a Rajoy, Merkel, la prima de riesgo, los mercados, la banca, Montoro... luego unir con unas porras.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

El poder, para algunos, les sale gratis


LA MUERTE ES UNA INJUSTICIA QUE IGUALA A TODOS LOS SERES INDEPENDIENTEMENTE DE LAS BONDADES O MALDADES QUE HAYAN REPARTIDO POR LA TIERRA DURANTE SU EXISTENCIA.



Hoy que ha muerto Carrillo, cuando aquellos que en vida lo despellejaban, que le negaron la hoz y el martillo, cuando los abrazafarolas alaben su compromiso con la democracia. Otros, los de siempre, obviando las luces se dedicarán a mancillar su memoria removiendo entre las sombras y repitiendo la palabra "Paracuellos" en sus pseudo-tertulias, entre vinos y tapitas. Por eso hoy QUIERO HABLAR DE FRAGA.


Fraga, al que elevaron a los altares del santoral (algún día de estos le conseguirán un milagro para darle oficialidad), el que llamaron “padre de la patria” y “padre de la constitución” estos elementos facciosos que se cobijan en siglas de la derecha ocultando su ultraderechismo.

Fraga, al que regalan bustos y dan su nombre a instituciones gallegas en un homenaje periódico.
Fraga, que fue presidente de la comunidad autónoma de Galicia pese a haber votado en contra de la constitución de autonomías.
Fraga, el ministro que, ya muerto el dictador, ejerciendo como ministro de Gobernación ordenó (puesto que no depuró), la asesina actuación policial en Vitoria con el ametrallamiento de unos obreros que se habían encerrado en una iglesia.
Fraga, quien ejerciendo ese mismo cargo a las protestas por la violenta conducta represiva de la policía manifestó que “la calle es mía”.
Fraga, el ministro de “información y turismo” franquista que elaboró la famosa “ley de prensa” del año 1966 donde entre otras lindezas se decía: Art. 12 “todo español podrá expresar libremente sus ideas mientras no atenten a los principios fundamentales del Estado”. Fraga, el que entregó a Franco el carné nº1 de periodista.

En 1962 Julián Grimau, miembro del partido comunista, entra clandestinamente en España para dirigir la estrategia de las fuerzas opositoras a la dictadura es detenido en Madrid. Manuel Fraga Iribarne, ministro de "Información y Turismo" inicia una campaña de intoxicación informativa que escandalizó a los países democráticos de todo el mundo.

El preso fue sometido a los interrogatorios habituales, pero al parecer se le fue la mano a los torturadores quienes, para taparlo, decidieron tirarlo desde la ventana del segundo piso de la Dirección General de Seguridad. El comunicado oficial decía que el acusado se había lanzado por la ventana intentando escapar mientras estaba siendo interrogado. Pese a la gravedad de las heridas consiguió salvar su vida y tras meses de hospitalización fue encerrado en la cárcel de Carabanchel.
El 18 de abril de 1963 es juzgado en Consejo de Guerra por un tribunal en que ninguno de sus miembros tenía formación jurídica excepto el teniente defensor que tiene la carrera de derecho y desmonta fácilmente todas las acusaciones pues, no se le podían achacar delitos al preso por haber permanecido varios años en el exilio, y el tribunal no encuentra ningún testimonio que lo acuse de actos de maltrato o criminales del acusado, ni antes ni durante el transcurso de la guerra civil. El abogado defensor pidió 3 años de cárcel por su entrada ilegal al país, pero el tribunal, en solo cinco horas de deliberación lo condena a la pena de muerte.
Toda clase de personalidades internacionales, incluidos el Papa Juan XXIII y Krushev, abogan ante Franco por la conmutación de la pena por cadena perpetua. En el Consejo de Ministros solo Castiella, ministro de Asuntos Exteriores, preocupado por la reacción internacional aboga por la vida del condenado, pero Franco quiso una votación formal y explicita de todos sus ministros. La pena de muerte ante el pelotón de fusilamiento fue decidida por unanimidad y entre esos ministros estaba el “post-demócrata” FRAGA.
FRAGA, cuya obsesión en la vida fue el poder, da igual que como servil lacayo del dictador que como presidente de un gobierno autonómico con cuya existencia no estaba de acuerdo. El mismo que amenazó con hundir a cañonazos al Prestige si intentaba acercarse a la costa gallega mientras cazaba osos en el Cáucaso.
FRAGA, ESE HOMBRE CON LAS MANOS MANCHADAS DE SANGRE POR EL QUE LOS SUYOS RECLAMAN ADMIRACION Y AGRADECIMIENTO.

La realidad es que la muerte no es injusta, los injustos son los hombres que piensan que el respeto a los muertos es no hablar mal de ellos poniéndolos a todos en el mismo escalón. 


viernes, 14 de septiembre de 2012

Sentimientos primarios


Para los que no entienden como más de un millón de personas (muchos de ellos nacidos en cualquier parte de España o que tienen sus raíces fuera de aquí) el mensaje de esta viñeta debería ser definitivo.


Incluso para los que no nos sentimos especialmente catalanes (aunque hayamos nacido aquí) ni especialmente españoles (aunque lo ponga el DNI), la falta de respeto, fundamentalmente de los que tienen los altavoces mediáticos, nos produce una sensación de tripas revueltas que nos harían agarrarnos a esa bandera independentista.

     
Lo que pasa es que ¡afortunadamente! No todos son como los incendiarios que tienen un canal de televisión, una alcachofa para poder opinar, o los que vomitan en los foros de la prensa mesetaria o las redes sociales. Afortunadamente conozco más gente fuera de aquí que respeta las ideas de los demás (aunque no las comparta o entienda, que aun tiene más mérito), que esos energúmenos de los cuales, el 20% independizaría (porque piensan que sin ellos no son nada) a los catalanes, el 30% los aislaría boicoteando sus productos para empobrecerlos y el otro 50% estaría encantado de mandar los tanques y construir otra ciudadela desde la que represaliar a los catalanes barceloneses.
Es lógico que produzca urticaria escuchar a gente como Arbeloa (el paquete ese que juega en la selección porque no hay otro), hablar sobre Guardiola y decir que no le gusta que utilicen la camiseta (de la selección) por prestigiarse sin sentirla y que respeta su opinión pero no la comparte. Mira Arbeloa: si la camiseta esa tiene prestigio es gracias (entre otros) a Guardiola y no a ti, porque si eres campeón del mundo y de Europa es gracias a gente como Xavi, Busquets, Casillas, Ramos… pero no a ti ¿y lo de que no te gusta que no sientan la camiseta? Supongo que lo dices por tus compañeros del Madrid, los portugueses, los que se van por dinero, etc. Genial lo de “respeto, pero no comparto”, no respetas porque si no, no dirías todo lo demás y te limitarías a decir que “es su opinión y es libre de decir lo que quiera” (que es lo que haría cualquier demócrata) y con lo de “no compartir” te has lucido, ¿Qué es lo que no compartes, el pedir la independencia para Catalunya? ¡Genial! Por cierto, todo el programa de deportes de esta noche en la sexta ha sido lamentable, menos mal que luego está el Wayoming para poner las cosas en su sitio.
Estos días he oído a muchas personas clamar indignados contra Bretón (el asesino de sus hijos), con expresiones como “yo lo quemaría como él a sus hijos”, o “habría que restaurar la pena de muerte”, también lo gritaban tras los atentados de ETA y me parece que tirar la senyera y agarrar la independentista es lo mismo para una parte importante de los que se manifestaron en la Diada, porque todo el mundo sabe que muchos de ellos no votarían ser independientes, pero esta es una reacción lógica a una falta de respeto a su dignidad.
El 90% de catalanes no entienden que España “no entienda” que quieran ser independientes, pero esos mismos catalanes tampoco entienden que en el Valle de Arán quieran independizarse de Catalunya y una parte importante de ellos tampoco entienden como a esta supuesta nació catalana no se apuntan comunidades como Baleares, Valencia o la Franja que comparten parte de una misma historia.
La realidad es que detrás de cada nacionalismo sea independentista o españolista, se encierra un sentimiento de superioridad (cultural o social) “somos mejores que ellos” y de orgullo de ¿haber nacido en esa tierra? Uno no nace, lo nacen. Parece que los malos son más malos si son de fuera y los “compatriotas” son menos malos.
Desde fuera de Catalunya, “esos” organizan campañas de boicot a los productos catalanes, piden firmas contra Catalunya, mienten sobre la sociedad catalana para embarrar su imagen y eso también incita a coger la “estelada”. Pero esos son los mismos que recogen firmas contra la subida del IVA, los que organizan marchas en contra del matrimonio homosexual… Lo que hagan da igual porque a la gente que va dirigido todo eso ya están convencidos, ya son de los suyos y a los “otros” no nos convencerán por mucho que se empeñen porque culturalmente “somos diferentes”.
Un “elemento” de esos que escriben en los foros (porque afortunadamente cualquiera con un ordenador o móvil puede hacerlo), escribía tras la diada que él cuando va al súper mira de donde es el producto y si es catalán no lo compra, que el dinero lo tenía en La Caixa y se lo llevó a Bankia (lo que demuestra el ojo que tiene) y que las celebraciones las hace con vino espumoso de cualquier lado, pero nunca con Cava Catalán. Efectivamente hay mucha gente que piensa así ¿pero eso me va a hacer dejar mis convicciones?, no, porque yo soy más LIBRE que todos ellos, porque me rijo por la calidad o el precio (más bien esto), pero me da igual de donde sea lo que compro. Mi Súper es una ventana al mundo, el suyo un retorno a la caverna.
Tenemos que darnos cuenta que NOS UTILIZAN para su propio beneficio, unos porque lo anti catalán les da votos y enarbolan la bandera borbónica de la otra España y los otros también, porque en realidad les interesa “que no nos quieran”,  porque como se ha visto eso agota las esteladas en las tiendas y les da unos votos que hace unos años ni soñaron. Y además bajo las esteladas se esconden unos recortes sociales inadmisibles hechos por la Generalitat (a la gente parece que se le olvida que CiU es un partido de derechas), y los otros para seguir con su mensaje machacón de que estamos en crisis, que esto es más importante que las ideas, entregando nuestro dinero a espuertas a los usurero-especuladores bancarios  y que… naturalmente los culpables de la crisis son los trabajadores de este país.                                                              

jueves, 9 de agosto de 2012

Esclavos del siglo XXI



Primero abarataron el despido y todos, además, pasaron a ser procedentes. También pusieron como causa de despido procedente coger más de nueve días de baja médica, pero no me importó porque a mí no me iban a despedir y además nunca cogía la baja.

Luego liberaron a las empresas para que pudiesen despedir libremente (ERE) sin tenerlo que justificar, simplemente si pensaban que en los próximos meses iban a tener menos beneficios, pero a mí no me importó porque mi empresa no iba a hacer un ERE.

Luego se cargaron los convenios colectivos dejando que las empresas, previo acuerdo con sus trabajadores (los directivos también lo son), decidiesen libremente sus condiciones de trabajo.

Luego dijeron que los españoles habíamos estirado más el brazo que la manga y que ahora teníamos que pagarlo, para eso subieron los impuestos, pero no me importó porque, aunque yo no había ido de vacaciones en los últimos diez años, tenía un coche de quince años y no me había comprado una casa, tampoco podía hacer nada para remediarlo.

Luego dijeron que iban a acabar con los liberados sindicales y que además los sindicalistas eran los culpables de la crisis de las empresas, pero no me importó porque yo no era un liberado sindicalista.
Luego dejaron sin medicina asistencial a los sin papeles, pero no me importó porque yo no era un ilegal.

Luego redujeron hospitales, personal sanitario, gravaron las recetas con un euro… pero no me importó porque yo apenas si me ponía enfermo.

Luego redujeron “los gastos” en educación y dijeron que la educación pública tenía que ser limitada, pero no me importó porque yo ya no estudiaba.

Luego redujeron los sueldos a los funcionarios… pero no me importó porque yo no era funcionario.

Luego, colaron en el BOE que se perdía el derecho a los 426 Euros del subsidio para parados de larga duración mayores de 45 años y otros colectivos, si se salía al extranjero, aunque fuese un día o añadir otros 12 meses de espera a los ya necesarios, cuando se estaba en espera de ser aprobado ese subsidio, pero a mí no me importó porque yo no era un parado de larga duración.

Luego redujeron la prestación por desempleo (la que nos descuentan de nuestra nomina cada mes de nuestra vida laboral), a partir del séptimo mes porque decían que los trabajadores se acostumbraban a no trabajar (¡que se jodan! Porque no es que no haya trabajo, es que los 5.500.000 parados no quieren trabajar), pero a mí no me importó porque yo no estaba en paro.

Luego liberaron los horarios comerciales haciendo que pudiesen estar abiertos las 24 horas durante los 365 días del año, pero a mí no me importo porque yo no era empleado de comercio.

Luego abrieron una web donde los ciudadanos podían poner la foto de quien les diese la gana y acusarlo de ser un activista violento, pero a mí no me importó porque no creía tener enemigos entre mis vecinos.

Luego calificaron a los ciudadanos del 15-M de Madrid de “grupos violentos y antisistema” y pidieron la intervención policial para que los participantes en la “jornada mundial de la juventud” y el Papa tuviesen unos días felices en Madrid, pero a mí no me importó porque yo ni tan siquiera vivía en Madrid.

Luego la consejera de interior de Madrid expedientó a 160 manifestantes por considerarlos instigadores de las protestas ante las medidas económicas del Gobierno, pero a mí no me importó porque yo no había estado.

Luego el ministro de Justicia dijo que iban a ilegalizar el aborto en el supuesto de malformaciones del feto, pero a mí no me importó porque yo no podía abortar.

Luego dijeron que los directivos de bancos y cajas de ahorro que íbamos a “salvar” los españoles con nuestro dinero (por lo que íbamos a estar endeudados de por vida), no tenían por qué limitar su salario y podrán cobrar lo que ellos quieran, pero a mí no me importó porque yo no era uno de esos directivos.

Luego, unos jornaleros se llevaron comida de dos supermercados para llevarla a comedores comunitarios, y los ministros de Interior y Justicia no perdieron el tiempo y pusieron a policía y fiscalía a identificar y detener a los “ladrones” en menos de 24 horas, y aunque es verdad que Urdangarin acusado de (sin tecnicismos) robar 7.000.000 de Euros, sigue de vacaciones con su familia en EEUU, a mí no me importó porque yo no era uno de esos jornaleros.

Luego se quemaron grandes extensiones de bosques y murieron varias personas, porque como habían quitado de los presupuestos la limpieza de bosques, cuando estos ardían eran mucho más virulentos y se extendían con más facilidad, pero a mí no me importó porque yo no vivía en un bosque y además los macro conciertos de música se hacen en terrenos áridos.

Luego subieron el IVA, a lo que había que añadir la congelación de salarios, y aunque éramos mucho más pobres y los que nos habían metido en esto eran igual o mucho más ricos, a mí no me importó porque la selección había ganado el europeo.

Luego… pero ¿por qué yo?...


viernes, 7 de octubre de 2011

Juanito el tonto




Desconozco su apellido, pero en la Tarifa de la posguerra todos lo conocían por “Juanito el Tonto”. En las décadas del 40 al 80 este alias, “tonto”, era compartido por otros ciudadanos (Leopoldo, Anselmo, etc.), coincidentes en el tiempo, y cuando algún foráneo preguntaba por qué había tantos “tontos” en Tarifa, era fácil que le contestasen “mire usted, será por el Levante que lo vuelve a uno tonto”.
Juanito era famoso por ser espigado, extremadamente delgado, con una prominente chepa, aspecto “moruno”, mellas incipientes, y sobre todo, por su manera de moverse. Caminaba siempre muy rápido, a grandes zancadas y cogía las esquinas a la misma velocidad, siguiendo el ángulo de las mismas ajustándose a la pared. La gente lo veía como a un piloto de motos inclinándose sobre el asfalto y pese a que no iba sobre ningún vehículo, era muy común comentar “este hombre se matará algún día”.

Manolo Summers hizo la mili en Tarifa y allí fue donde conoció a Juanito. Una vez reingresado a la vida civil y considerado un reputado director de cine, incluso labrándose una fama de “enfant terrible” como un rompedor, cuando no era más que un propagandista de la España no comprometida, apolítica y por tanto afín al régimen; se acordó de Juanito para incorporarlo a su película “La niña de luto”, con Alfredo Landa y María José Alfonso.
Lo cierto es que Juanito alcanzó un lugar privilegiado hasta en los créditos del film, donde fue rebautizado como Juanito “el bicicletas”. Summers hace uso de su “sensibilidad artística” y lo emplea para lo mismo que sus paisanos, para que los demás se rían de él.

Los tarifeños no podían creer que Juanito (su tonto), había hecho una película y no salían de su asombro al verlo allí, entre los actores importantes de la época. Estupefactos, buscaban a su “ciudadano más famoso” al salir del cine Principal de la Alameda.
Por entonces Juanito, a la misma velocidad que siempre, con la chaqueta blanca que lucía en la película, presumía ante  aquellos hombres y mujeres que con la boca abierta lo miraban entre incrédulos y envidiosos. Concedía cientos de entrevistas populares a todo aquel que quisiese pasar un rato divertido a su costa, repetía el guion y lo aderezaba con anécdotas más o menos reales del rodaje y pos rodaje. Contaba que durante el mismo le atropelló un coche, lo llevaron al hospital, lo curaron y le dieron un bocadillo, o aquel comentario de la criada “señoriiito que este muerto está muy vivo… ¡No iba a estar vivo joer… si el muerto era yo…!”
También que “cuando su excelencia (Franco) vio la película, comentó: hay que ver este muchacho sin ser tonto lo bien que hace de tonto”. Y todo esto lo decía mientras fumaba poniendo poses de galán, con el codo apoyado en la cadera, mano izquierda en el bolsillo del pantalón, como le habían enseñado en la película porque no sabía qué hacer con ella mientras rodaban, y exhalando el humo del cigarrillo a lo Bogart. Por la película le dieron tres mil pesetas y el traje.
El dinero no fue suficiente para arreglarse la boca, porque tenía que mantener a su madre que estuvo muchos años enferma, mantenidos ambos con su salario de “tonto”, que era ganarse unas pesetillas acarreando bultos de quien le quisiera pagar. Ya apenas le quedaban un par de dientes por mandíbula, su velocidad se había normalizado y solo la exhibía ante la petición de alguien (en el fondo admirador), que buscaba unas risas. Arrastraba su chepa con tristeza y reafirmaba la injusticia de quienes le recordaban aquellos tiempos en que solo había cobrado tres mil pesetas y fue él quien llevó toda la película, “ya ve tres mil peheta me dieron ná más y fui yo el que llevé toá la película… bueno tres mil peheta y un bocadillo”

viernes, 30 de septiembre de 2011

Cebollino

El ser humano es como las cebollas. Con el paso del tiempo se van endureciendo las capas exteriores, que hay que ir pelando una a una para intentar llegar a las partes blandas, y ya más profundamente, al corazón.
A veces descubrimos que, aunque exteriormente parecen estar bien, cuando quitamos estas capas duras y secas, el corazón está podrido.
Cada vez recuerdo menos mis felices años de cebolleta.

viernes, 12 de agosto de 2011

VIAJE REVERTIDO


Ayer por la noche, con los auriculares puestos, sentado en la terraza del comedor, escuchaba a través del móvil, “Dogs” de Pink Floid.
Mi mente se trasladó a las frías noches invernales de Araca en Vitoria, treinta y cuatro años atrás.
El cuarto de material de la furrielería estaba en la misma entrada a la gran nave de los dormitorios de la segunda planta. La estancia tendría algo menos de tres metros de ancho y algo más de cuatro de largo, tres de sus paredes estaban ocupadas por estanterías metálicas donde se amontonaban los correajes de cuero, mantas en verano, colchas de bonito para colocarlas puntualmente en las eventuales inspecciones del Coronel del CIR, y diverso material de prácticas y otras inutilidades.
Después del toque de silencio el imaginaria intentaba acallar las voces que poco a poco se convertirían en lánguidos susurros, mientras que algunos le vacilaban con imaginarias partidas de ping-pong, imitando el sonido de la bola y cantando el tanteo en voz alta.
Allí, en el cuartito de la furrielería, arrimados a la vieja estufa de candentes resistencias eléctricas, en un buró metálico a la luz de una triste lamparita de mesa, escribíamos cartas a las familias y los amores separados por la fuerza en la distancia, y peor aún, por un mundo que no tenía que ver con el nuestro. Un mundo que seguía su curso sin toques de trompeta ni la repetitiva rutina diaria, pero al que queríamos gritar que aun estábamos ahí.
En las tinieblas, el rostro aniñado de Mariano diluyéndose mientras esperaba los efectos de la pastilla de Valium 10 que se chutaba cada noche, rememorando una y otra vez la inolvidable velada romántica vivida con su novia entre los arbolitos iluminados por bombillas de colores, en el jardín de una de las torres que ejercían de bar musical a la falda del Tibidabo; a ritmo de la empalagosa música de los Indios Tabajara.
Paco Nicás, el gordo de Madrid, que había agotado hasta la última prórroga por estudios antes de incorporarse, lo miraba con ojos chisposos, bromeando mientras asomaba y escondía la lengua enroscada, danzando con la imaginaria música de los Tabajara acogiendo entre sus fuertes brazos a Estrellita, su delicada novia que lo esperaba para casarse.
Yo era el cabo furriel y Paco mi ayudante, pero además de Mariano también acogíamos puntualmente a otros acólitos, en esa habitación con derecho de admisión.
En la parte más alta de una de las estanterías descansaba un lienzo a medio pintar, que representaba una acción bélica. El incompleto cuadro era obra de Cesar, un cabo asturiano estudiante de bellas artes, que se licenció del ejercito a los seis meses de mi llegada y que, siempre de aspecto serio e impecablemente uniformado con pañuelo anudado al cuello, nos sorprendió a todos cuando siendo yo aún recluta y estando en formación de retreta, se dirigió a todos nosotros desde lo alto de la escalera de entrada a la compañía, recriminándonos a gritos, que “éramos una vergüenza e indignos de ser considerados soldados del ejército español”.
Cesar era un tipo que se podría calificar de peculiar, por definirlo de alguna manera. Sin embargo, en los tres meses que convivimos ya en presunta igualdad tras mi jura de bandera, establecimos una excelente relación de respeto mutuo, y descubrí que tras esa apariencia externa de muñeco “madel man” de plástico, lo que se escondía era una persona que odiaba todo el alineamiento y parafernalia militar que nos envolvía, de la que él se defendía intentando parecer lo que querían que fuese. Él creía que los engañaba y ellos que Cesar era un soldado ejemplar, y lo cierto es que seguramente ambos tenían razón.
El teniente Bescós estaba entusiasmado de tener un artista en su Compañía y se había empeñado en que Cesar pintase un cuadro bélico que legase a la misma, para lo cual no reparó en gastos y le proporcionó caballete, un lienzo y una caja de oleos para que lo llevase a cabo. El estudio se instaló en el cuarto de la furrielería y allí Cesar lo bocetó y empezó a darle una lenta forma. El teniente expresaba sus temores de que aquello no avanzaba y se temía que el cuadro no llegaría a terminarse antes de la licencia del pintor, pero este le aseguraba que lo terminaría a tiempo, mientras a mí, confidencialmente, me confesaba que no tenía intención de regalarles un cuadro a quienes no tenía nada que agradecer. Efectivamente, Cesar se licenció dejando los tubos de pintura y un cuadro donde un soldado rodeado de bocetos de otros, disparaba un cañón bajo un cielo teñido de rojo. Meses después en una inspección del Coronel, el teniente decidió darle apariencia de que el cuadro lo estaba pintando yo, por lo que tuve que explicar cuál era el objeto de aquel refulgir de colores rojizos para un cielo al que se suponía azul, en la última venganza del artista Cesar. Concluida la rutinaria visita el lienzo fue devuelto a su nicho en las alturas de la estantería metálica donde debería seguir su descanso eterno. Por cierto, el Coronel tampoco pareció entender mis excentricidades artísticas, al descubrir un casco militar pintado de negro con presunta simbología necrológica que sostenía los restos de una vela, ni el mobiliario del despacho del furrier, pintado de amarillo limón al no haber encontrado pintura de otro color.
En el cuarto también teníamos un pequeño fogón donde preparábamos los cubitos de caldo de Avecrem o freíamos los huevos y patatas, que conseguíamos enviando de vez en cuando a un recluta con un macuto y la “lista de la compra”, a nuestros colegas de cocina.
A veces esas veladas nocturnas derivaban en debates sobre experiencias sexuales con novias fijas o esporádicas. Un mundo que se nos abría a una generación educada en el sentido del pecado, el remordimiento y el castigo.
Lo normal sin embargo era el silencio de las palabras, el brillo del cristal de los vasos que contenían una pequeña dosis de aguardiente, que impregnaba la atmosfera de su aroma empalagoso y dulzón, el rumor de la corriente eléctrica circulando por los retorcidos circuitos de la estufa y el deslizamiento del bolígrafo sobre la hoja de papel, donde contábamos que entrabamos de guardia, retén o de los reclutas que se nos “amontonaban”; como si eso realmente fuese algo trascendente para quienes lo iban a leer. Nuestras mentes divagaban y de fondo, muy bajito, sonaba la canción “dogs” de Pink Floid, que entonces yo no sabía ni el titulo ni tenía conocimiento de que existiese ese grupo, pero en mis manos había caído un cassette, de una grabación casera de alguien, y la ponía una y otra vez en esas noches de silencio invernal.
Los perros de Pink Floid ladraban y aullaban con eco en un espacio intemporal y mi mente volvía a mi casa de Finestrellas, la oscuridad de la noche, y perros que daban lejanos ladridos. Allí estaban mi padre y mi hermana Mari con su familia, el viento ululaba a través de las ventanas que no encajaban, los perros seguían ladrando y aullando desde la casa de la sevillana y más allá, en una noche de una negrura casi total. Yo escuchaba esos perros y sentía un cosquilleo de temor que me subía por la espalda con sentimientos encontrados, por un lado, quería volver y por otro sentía el temor de no saber lo que me esperaba en un futuro que aún no había empezado, pero me ofrecía un paréntesis de catorce meses. “Pepe el depre” me llamaba mi amigo Nicás.
Hace treinta y cuatro años escuchaba el lejano ladrido de los perros de Pink Floid en Vitoria y me acordaba de mi casa de Finestrellas, esta noche escuchaba esos mismos perros desde mi casa y mi mente voló a aquellos momentos de Vitoria, los perros seguían ladrando y aullando y yo sentía el mismo temor, quizás por un futuro que fue pasado, ya ni es, y sin embargo sigo sin saber lo que quiero ser.
12 de agosto de 2011