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sábado, 12 de mayo de 2001

HAN MATADO A PAPA NOEL. (Anibal Burdo)


Joaquín el cajero de siempre en esta Sucursal ya no está en el Banco. Le ofrecieron la prejubilación bajo una velada amenaza de prescindir de sus servicios unilateralmente si no la aceptaba.
Joaquín tiene cincuenta y nueve años y está en el Banco desde los catorce; lo conoce mejor que nadie y ha visto pasar varios Presidentes, Consejos de Administración y Directores de esta Sucursal donde llevaba más de veinte años. Los clientes lo conocen por su nombre, le comentan la jornada futbolística del domingo y soportan amistosamente las proezas de sus palomos, que es a quien dedica todo el tiempo de que dispone después del trabajo, que es mucho, porque esta solo desde que hace cerca de diez años falleció su madre sin lograr ver a su hijo casarse.
Esta falta de familia propia, hacía que Joaquín cada año por las fiestas de Navidad, se disfrazase de Papá Noel en la fiesta organizada por la Empresa para los hijos de los empleados, y se sintiese tan emocionado como los niños que, temblorosos, se acercaban a recoger su regalo. También el Presidente, viejo y medio sordo, se acercaba a él como todos los años, con una cariñosa palmadita dándole las gracias y recordándole aquellos tiempos en que el botones Joaquín les iba a buscar el bocadillo a los empleados de Cartera.

Una lágrima amarga resbalaba por la mejilla de Joaquín cuando se despedía esta mañana de su familia de la Sucursal. Los clientes seguirán yendo, aunque el viejo cajero ya no esté tras el mostrador, y soportarán con normalidad al nuevo empleado joven y engominado, que además de pagarles su talón, aprovechará para intentar venderles algún producto del Banco; pero ya no habrá más Papa Noel; ni los empleados tienen ganas o necesidad de serlo, ni sus hijos creen en Papá Noel. Ya nadie cree en Papá Noel, ni el Presidente que dormita en su despacho sin recordar exactamente quién era ese tal Joaquín que le ha mandado una nota de despedida.
Hoy han matado a Papá Noel y a nadie le parece importar.

domingo, 15 de abril de 2001

EL BACALAO (Anibal Burdo)


Rosa ha comprado un bacalao.
Dice que todos los años su madre cocinaba garbanzos con bacalao para el Jueves Santo. Rosa, cada vez más asiduamente conforme va cumpliendo años, tiene más interés en recuperar las vivencias de su niñez, y eso a mí, me parece un reproche a su vida actual.
El cadáver del pez está de momento colgado en una de las paredes de la cocina, y Rosa comenta nostálgica que aquel olor le retrotrae a la cocina de su casa materna.
A mí me recuerda el asfixiante aroma del burdel donde perdí mi virginidad.
Miro a Rosa y callo.

martes, 3 de abril de 2001

EL SENTIDO DE LA VIDA. (Anibal Burdo)


Sentado en el malecón del puerto, miraba la mortecina mancha verde grisácea balanceándose lenta y pesadamente un par de metros bajo sus pies, centelleantes reflejos metálicos del color del arcoíris, y la atmósfera cargada de nauseabundo aroma oleo-salino.
El sol se acostó sobre los edificios del horizonte y Aníbal se preguntó si eso era vivir; una tarde más, un día más.
La apestosa mancha verde grisácea, de mortecinos colores pardos, se balanceaba lentamente, un par de metros bajo sus pies...

viernes, 2 de marzo de 2001

MI PARASITO Y YO


Es el cuerpo esa masa multiforme que nos apresa;
cárcel y vehículo de nuestro ser,
"colgajo", terso, seboso o musculoso;
nauseabundo o ansiado.
Parásito raptor que de nosotros vive,
lo alimentamos, limpiamos y mimamos.
Él a su vez, nos ofrece hambre, hastío, frío o calor;
Nos amenaza con morirse y le sufrimos como a un Dios.
¿Quién nos dice que su muerte no es nuestra liberación?
¿Por qué te avergüenzas de mostrarlo y lo tapas con trapos,
escondiendo a tu secuestrador?
Ves su imagen reflejada en el espejo, y crees que es la de tu yo,
¿Acaso muestra como piensas, sientes, y lo que ve tu imaginación?
Te engañaron,
bajo togas y sotanas camuflados,
los que quisieron que fueses
como su malicia ideó.

martes, 10 de agosto de 1999

QUIEN FUERA AGUA O ARENA


El agua no lo sabía, pero Mar era una y Océano la otra.
La arena de la costa no lo sabía,
pero Europa era una y África la otra.
Tomé un recipiente y de agua de mar lo llené,
unos metros más allá, cruzando el istmo al océano la arrojé.
Ella no lo sabía, pero fundida con su hermana,
el nombre le cambié.

En un recipiente, fina y blanca arena de Europa tomé,
y navegando en rápido buque, el Estrecho crucé.
Lentamente una y otra, danza de mar de arena,
granos diluidos, blancos y finos.
Ellos no lo sabían, pero incluso el Continente les cambié.

Hombre que desde esta orilla mira,
sobre el tercer mundo sus pies.
Frente a él, mar y arena fina,
su única esperanza de sobrevivir.
Modesto bote de madera, que a merced de las olas deriva.
Apiñados cuerpos temblorosos
que contra las rocas se estrellan,
viendo a sus compañeros morir.
Inútil consuelo del superviviente, como un perro cazado
y obligado a volver con su gente, a la espera de un destino vil.

Quien fuera agua y arena,
Aunque ni su nombre ni origen conociera,
ellos se funden como hermanos, mientras el hombre mira a otro lado.

sábado, 8 de mayo de 1999

LA TRAVESIA



Sobre una patera a la deriva,
mi corazón y mi mente se medían con la vida,
a merced de las olas, que con su cariño me envolvían.
Tempestades rugientes, rayos y
hasta algún momento de alegría.
La soledad menos querida,
la del náufrago en la algarabía,
fue compañera de viaje,
con ella me acostaba, discutía y
hasta pensé que la quería.
Zigzagueos incontrolados pues
tan solo uno de los remos asía.

Cantos de sirena, dulces y ardientes,
en ocasiones debía desdeñar,
pues no era eso, más que instinto animal.
Camino italiano de fría noche otoñal,
en mis manos pusiste a quien me ayudara a gobernar,
de dos corazones rotos, en ocasiones,
uno se puede completar.

Con un remo cada uno, y poniendo mucho amor,
pusimos rumbo incierto, pero decidido por los dos.
Sorteamos temporales que nos lanzaron por babor,
cuando acabábamos de sortear los que nos llegaron
de estribor.
Son cosas corrientes que, sin proponérselo,
te hagan daño los seres que te quieren,
a menudo siguiendo impulsos,
surgidos del corazón.
Fuimos fuertes y hasta la “calma chicha”,
plena de monotonía y depresión,
superamos con grandes dosis de imaginación.
Por el camino logramos
Incluso aumentar la tripulación.

Contramaestre algo perezosa y ladina,
que, con grandes dosis de diplomacia y zalamería,
ablanda hasta los duros cocos,
hasta conseguir lo que se proponía.
Números y letras, del colegio no le caben,
que la cabeza la lleva en un casco
y hasta con su moto dormiría.

Con el tiempo un grumete incorporamos,
impaciente por enrolarse,
forzó los tiempos, para llegar antes.
El escaqueo es su deseo,
la tele y los tebeos.
Los Pokemon lo dominan,
y los Digimon lo fascinan,
pero no le hables de colegio,
que le sobra todo, menos lo que cocinan.

El que los remeros se soporten,
Es condición necesaria,
Todas esas cosas que no nos gustan,
hacen a la comprensión prioritaria.

Que la vida es una travesía,
es algo sabido y asumido,
lo que hay tras las olas, penas o alegrías,
nos lo dirá el devenir de los días.
Hay que disfrutar el momento,
los pequeños detalles que no tienen precio,
esos que nos hacen mirar atrás,
nostalgias del pensamiento,
pues por mucho que queramos adivinar,
quién sabe dónde estará el final.

martes, 20 de agosto de 1996

LA SOLANA (HUESCA)



La Sierra de la Solana hace honor a su nombre.
Pistas terrizas y en mal estado enlazan pueblos unos con otros, salpicados en el término de Fiscal.
Cuando uno camina entre las callejuelas de piedra, tomadas por los matorrales y se acerca a los muros de las casas, casi le parece oír el rumor de la gente que lo habitó y una extraña sensación nos hace sentirnos como intrusos.

Te asomas al interior de lo que fue una escuela y ves aquellas paredes, casi todas de color azul, con la pizarra pintada en la pared y, enseguida, un ambiente lúgubre, escasamente iluminado por el único ventanuco de la estancia; niños escuálidos, rapados casi al cero y con profundas ojeras bajo unos ojos temerosos, dan chupadas a la punta del lápiz a la vez que aprovechan para echarse el aliento sobre unos dedos casi insensibles por el frio.
El cura, que a la vez ejerce de maestro y casi tan seco como sus alumnos, da un golpe con la regla sobre uno de los pupitres, que suena como un disparo.
-¿Dónde está Manolico...?
-Hoy no puede venir... Su padre se lo ha llevado a bajar las vacas...
Era la historia de cada día, nunca estaban todos...
Algunos incluso tenían que venir desde otros pueblos más pequeños o casas desperdigadas por la sierra, trochando entre la maleza.

Cuando el "último habitante del último pueblo habitado", se hubo marchado; las brigadas de hombres a pico y pala y ayudados por incipientes excavadoras, y camiones trituradores de piedras, movidos por motores "perkins" y calzados por "Española de Neumáticos", construyeron las pistas por las que tanto habían suspirado los expulsados "solaneros", y es que Solana, para mí, más que por su situación geográfica, se me antoja que viene de soledad.