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martes, 10 de agosto de 1999

QUIEN FUERA AGUA O ARENA


El agua no lo sabía, pero Mar era una y Océano la otra.
La arena de la costa no lo sabía,
pero Europa era una y África la otra.
Tomé un recipiente y de agua de mar lo llené,
unos metros más allá, cruzando el istmo al océano la arrojé.
Ella no lo sabía, pero fundida con su hermana,
el nombre le cambié.

En un recipiente, fina y blanca arena de Europa tomé,
y navegando en rápido buque, el Estrecho crucé.
Lentamente una y otra, danza de mar de arena,
granos diluidos, blancos y finos.
Ellos no lo sabían, pero incluso el Continente les cambié.

Hombre que desde esta orilla mira,
sobre el tercer mundo sus pies.
Frente a él, mar y arena fina,
su única esperanza de sobrevivir.
Modesto bote de madera, que a merced de las olas deriva.
Apiñados cuerpos temblorosos
que contra las rocas se estrellan,
viendo a sus compañeros morir.
Inútil consuelo del superviviente, como un perro cazado
y obligado a volver con su gente, a la espera de un destino vil.

Quien fuera agua y arena,
Aunque ni su nombre ni origen conociera,
ellos se funden como hermanos, mientras el hombre mira a otro lado.

sábado, 8 de mayo de 1999

LA TRAVESIA



Sobre una patera a la deriva,
mi corazón y mi mente se medían con la vida,
a merced de las olas, que con su cariño me envolvían.
Tempestades rugientes, rayos y
hasta algún momento de alegría.
La soledad menos querida,
la del náufrago en la algarabía,
fue compañera de viaje,
con ella me acostaba, discutía y
hasta pensé que la quería.
Zigzagueos incontrolados pues
tan solo uno de los remos asía.

Cantos de sirena, dulces y ardientes,
en ocasiones debía desdeñar,
pues no era eso, más que instinto animal.
Camino italiano de fría noche otoñal,
en mis manos pusiste a quien me ayudara a gobernar,
de dos corazones rotos, en ocasiones,
uno se puede completar.

Con un remo cada uno, y poniendo mucho amor,
pusimos rumbo incierto, pero decidido por los dos.
Sorteamos temporales que nos lanzaron por babor,
cuando acabábamos de sortear los que nos llegaron
de estribor.
Son cosas corrientes que, sin proponérselo,
te hagan daño los seres que te quieren,
a menudo siguiendo impulsos,
surgidos del corazón.
Fuimos fuertes y hasta la “calma chicha”,
plena de monotonía y depresión,
superamos con grandes dosis de imaginación.
Por el camino logramos
Incluso aumentar la tripulación.

Contramaestre algo perezosa y ladina,
que, con grandes dosis de diplomacia y zalamería,
ablanda hasta los duros cocos,
hasta conseguir lo que se proponía.
Números y letras, del colegio no le caben,
que la cabeza la lleva en un casco
y hasta con su moto dormiría.

Con el tiempo un grumete incorporamos,
impaciente por enrolarse,
forzó los tiempos, para llegar antes.
El escaqueo es su deseo,
la tele y los tebeos.
Los Pokemon lo dominan,
y los Digimon lo fascinan,
pero no le hables de colegio,
que le sobra todo, menos lo que cocinan.

El que los remeros se soporten,
Es condición necesaria,
Todas esas cosas que no nos gustan,
hacen a la comprensión prioritaria.

Que la vida es una travesía,
es algo sabido y asumido,
lo que hay tras las olas, penas o alegrías,
nos lo dirá el devenir de los días.
Hay que disfrutar el momento,
los pequeños detalles que no tienen precio,
esos que nos hacen mirar atrás,
nostalgias del pensamiento,
pues por mucho que queramos adivinar,
quién sabe dónde estará el final.

martes, 20 de agosto de 1996

LA SOLANA (HUESCA)



La Sierra de la Solana hace honor a su nombre.
Pistas terrizas y en mal estado enlazan pueblos unos con otros, salpicados en el término de Fiscal.
Cuando uno camina entre las callejuelas de piedra, tomadas por los matorrales y se acerca a los muros de las casas, casi le parece oír el rumor de la gente que lo habitó y una extraña sensación nos hace sentirnos como intrusos.

Te asomas al interior de lo que fue una escuela y ves aquellas paredes, casi todas de color azul, con la pizarra pintada en la pared y, enseguida, un ambiente lúgubre, escasamente iluminado por el único ventanuco de la estancia; niños escuálidos, rapados casi al cero y con profundas ojeras bajo unos ojos temerosos, dan chupadas a la punta del lápiz a la vez que aprovechan para echarse el aliento sobre unos dedos casi insensibles por el frio.
El cura, que a la vez ejerce de maestro y casi tan seco como sus alumnos, da un golpe con la regla sobre uno de los pupitres, que suena como un disparo.
-¿Dónde está Manolico...?
-Hoy no puede venir... Su padre se lo ha llevado a bajar las vacas...
Era la historia de cada día, nunca estaban todos...
Algunos incluso tenían que venir desde otros pueblos más pequeños o casas desperdigadas por la sierra, trochando entre la maleza.

Cuando el "último habitante del último pueblo habitado", se hubo marchado; las brigadas de hombres a pico y pala y ayudados por incipientes excavadoras, y camiones trituradores de piedras, movidos por motores "perkins" y calzados por "Española de Neumáticos", construyeron las pistas por las que tanto habían suspirado los expulsados "solaneros", y es que Solana, para mí, más que por su situación geográfica, se me antoja que viene de soledad.

jueves, 1 de junio de 1995

EL ÁRBOL DE PLATÓN



Por encima de la sierra de Collçerola, en el camino que circula desde la "emisora" hasta Vallvidrera por encima de la ciudad, se llega hasta una plazoleta en cuyo centro, un espigado y vetusto árbol, de tronco como descorchado de una botella de espumoso, solitario y casi solemne, preside el lugar. Si nos acercamos a él, un murmullo nos llega a los oídos, en principio es como el rumor del viento que mece sus hojas, pero cuando liberamos la mente de las ideas preconcebidas, nos damos cuenta de que es el árbol que nos habla, a nosotros y a todos sus semejantes que le rodean. Él, desde su altura nos explica la belleza de cuanto les rodea, y sobre todo a quienes están a su espalda, les habla del mar que ellos no pueden ver por su escasa estatura. De una inmensa mancha azul, salpicada aquí y allá de puntitos blancos como las nubes del verano. También les dice que no están solos; que miles de congéneres, algunos más claros y otros más oscuros los rodean por doquier, y ellos ríen con su rumor sordo y monótono.
-El viejo loco sigue con sus fantasías...
Y él calla por unos momentos... -es inútil...- Piensa- Quizás algún día, alguien más inteligente que yo, sepa la manera de poder sacar sus raíces de la tierra sin llegar a morir, y todos podamos compartir las maravillas que nos rodean...
De nuevo torna el rumor para quien lo quiera oír, y el árbol vuelve a hablarnos del mar y de...

sábado, 1 de julio de 1978

HÁMSTER



Hámster era un precioso ratoncillo blanco. En la estancia donde vivía tenía comida de sobras, disponía de una confortable cama de mullido algodón e incluso una pequeña noria en la que pasaba la mayor parte de su tiempo, divertido dando vueltas. Hasta donde alcanzaba su memoria siempre había vivido allí, aquel era su mundo y jamás se le ocurriría pensar que pudiera haber algo distinto.
Un día, hámster se encontraba dando tumbos en un peligroso equilibrio sobre su noria, cuando le pareció ver dos figurillas que se movían cautelosamente un poco más lejos, bajó al suelo y los miró detenidamente; eran dos seres muy parecidos a él, por lo menos a las partes de su cuerpo que conocía por alcanzarlas para mordisquearse y limpiar; su pelo era de otro color, pero incluso percibía su mismo olor. Hámster movía el hocico mucho más deprisa de lo normal, inquieto por la presencia de sus congéneres Estos olfateaban todo lo que encontraban a su paso, se acercaron un poco más y él quedó como petrificado por el miedo que le producía aquella inesperada aparición. "¿Como pude ser tan tonto como para no pensar que yo no era único?", se martirizaba Hámster. Los dos ratoncillos dieron una última vuelta y luego se dirigieron raudos hacia un agujero por donde desaparecieron. El ratoncillo blanco se sintió como si despertase de una pesadilla. "¡Esperadme, voy con vosotros...!" -gritó-. Entonces dio un salto hacia adelante, pero algo le impidió el paso, un objeto duro y frío le golpeó en el hocico, era un barrote. Se fue hacia la izquierda, a la derecha... por todas partes le ocurría lo mismo; anonadado, se sitúo en el centro de su casa y miró a su alrededor, por primera vez se dio cuenta de que estaba rodeado de barrotes... ¡Estaba en una jaula!...
Los siguientes días ya no fueron lo mismo para Hámster, la noria dejó de dar vueltas definitivamente y ya no tenía apetito, tomó consciencia de su falta de libertad y su existencia, que un día confundió con la felicidad, dejó de tener sentido...