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martes, 21 de abril de 2020

Historias de la Nueva Era: Aquel 21 de abril (Desconfinando la memoria)


Aquel 21 de abril de 2015 cerramos una etapa de nuestra vida. Cinco años después parece ser que hemos cerrado otra.

Sacrificamos nuestra carrera profesional (categoría, posición social, consideración laboral, dinero…), por intentar trabajar por el bienestar nuestro y de los demás; pero no fue ningún sacrificio, lo hicimos porque quisimos, porque nos gustaba, nos producía satisfacción y esa era compensación suficiente, nadie nos obligó, que no fuera nuestra propia conciencia.

Aquel 21 de abril de 2015 firmamos la extinción de nuestra relación laboral con la empresa y no puedo encontrar ninguna palabra, frase o poema para expresar mejor nuestros sentimientos, que la canción 21 de abril de Loquillo (que no es precisamente ningún referente mío). La dedico, y me la dedico, a todos nosotros, los que cerramos capitulo ese día, al libro de nuestra vida. A los que fuimos jóvenes y ya no lo somos:

 

En torno a nosotros, el mundo envejecía,

acariciando portales, promesas de un día

Nos educaron como perdedores,

y nos agotamos queriendo ser los mejores

 

Algo de mí se fue quedando,

año tras año, paso tras paso

Sin darme cuenta, mi corazón se ha ido

rodando a la cuneta

 

Aferrarse al pasado es morir,

en cualquier pelea o sobre el raíl,

que te lleva hacia cualquier lugar,

donde es imposible mirar más allá

 

Odio y amor, gozar, sufrir,

unidos en el devenir

que el tiempo va desgarrando,

rompiendo y separando

 

Ojalá que vivas tiempos interesantes,

que borren los años perdidos junto a mí.

Quiero que la fuerza te acompañe

Quiero que sonrías como aquel 21 de abril

 

Quiero que tu vida sea

Ojalá que sea como aquel 21 de abril

(21 de abril – Loquillo y los Trogloditas

lunes, 20 de abril de 2020

Historias de la Nueva Era: Hubo un tiempo en que todo era más oscuro


El frio era más frio, los sabañones en orejas y otros apéndices, las extremidades enrojecidas de “cabritillas”, formaban parte de la geografía infantil.

El viento soplaba más fuerte y ululaba dentro de las casas.

La lluvia mojaba menos, o al menos nos importaba menos mojarnos, porque un paraguas era un artículo a mantener para toda la familia.

Las velas eran imprescindibles en las casas, y la electricidad casi una bendición intermitente, en unos hogares donde solo alimentaba bombillas de luz incandescente, amarillenta, débil y de escasa duración.

Las calles, durante las noches, apenas eran iluminadas por ocasionales postes de madera, donde se sujetaban aquella especie de platos de porcelana que protegían una bombilla, cuyo mantenimiento hacía un operario, escalando el poste con una especie de crampones semicirculares, que ataba a los zapatos con cinchas de cuero.

Fuera, al anochecer, la atmosfera se impregnaba del toxico hedor del picón, aquel carbón mineral que algunos recogían junto a las vías del tren (las maquinas a vapor de los trenes) para venderlo, quemado en los braseros que se metían bajo la mesa camilla, en las frías noches de invierno (familias alrededor de la mesa camilla)

Las lentejas, antes de cocinarlas, había que expandirlas sobre la mesa para retirar las piedrecillas que contenían.

Los gorgojos eran un complemento más que casi formaba parte de la alimentación.

Pateras metálicas que llegaban a las estaciones de Francia y la del Norte, cargadas de hombres que huían de la miseria y el hambre, agarrando bajo el brazo una maleta de cartón asegurada con cuerdas, embutidos en su único traje, que habían guardado para los domingos y como mortaja cuando llegase el día, con la esperanza de encontrar un jornal y poder traerse a la familia.

Pisos compartidos por varias familias. Habitaciones de alquiler.

El primo Antonio, que también llegó del pueblo, zurrón al hombro, gorra y camperas, huyendo del mar, de la piel y los pulmones quemados por el salitre de los barcos de pesca de Tarifa.

Manos llagadas de cavar zanjas junto a las carreteras. Manos quemadas y los huesos retorciéndose en una prematura artrosis de los yeseros. El cuerpo y el alma destrozados de los destajos de los encofradores. Un eslabón en la cadena de la fábrica automovilística.

La esclavitud de las fábricas y la conciencia de obrero, aunque llevase traje y corbata.

La fiambrera envuelta en una servilleta, para la comida fría del medio día.

Las radios de galena, y ya con posibles, aquellos aparatos de condensadores, lámparas y bujías.

El “parte” de las diez de la noche. Reminiscencias de la guerra civil.

La “señora Francis” y el amor y servidumbre cristiana de la mujer hacia el hombre.

Los guateques, aquellas fiestas de baile privadas, al compás del vinilo de 45 revoluciones del Dúo Dinámico, Doménico Modugno, Adriano Celentano… José Guardiola, versionando en castellano las canciones extranjeras, que el Régimen limitaba para su radiodifusión. Jóvenes en traje, y chicas vestidas de domingo, bailando el twist e imitando las imágenes que envidiaban, de una sociedad lejana, vista en las películas llegadas de fuera.

El tiempo pasaba más despacio, porque había menos cosas externas para llenarlo y porque todo se movía a menor velocidad. Carreteras estrechas, bacheadas y, a menudo, contorneadas por plátanos que descansaban su sombra en ellas, y en otoño las alfombraban con sus hojas perdidas. 

domingo, 19 de abril de 2020

Historias de la Nueva Era: La niebla

Los días de niebla, y sobre todo las noches, siempre me han producido sentimientos contrapuestos. Por un lado, de inquietud, por no llamarlo directamente temor y, por el contrario, algo placentero, como el flotar en un espacio desconocido de profundos silencios y en ocasiones de sonidos envolventes (supongo que rebotados en los millones de gotitas de agua que la forman), sin poder determinar su ubicación.

Recuerdo que cuando Alejandro y Rocío eran pequeños, y la niebla bajaba desde la cima de Sant Pere Martir haciendo desaparecer la emisora, les contaba que, alguien la había borrado y tendríamos que volverla a dibujar, antes de que nos borrase también a nosotros.  Siempre me ha gustado fantasear, en ese absurdo en que se mueve la mente cuando le da la gana, que la niebla lo que hace es eso, intentar modificar el mundo borrándolo y volviéndolo a dibujar, intentando hacerlo mejor.

Actualmente hay muchas voces que hablan de volver a dibujar un mundo nuevo y mejor cuando todo esto pase. Hablan del respeto a la naturaleza, de apostar por lo que realmente importa, de devolver los besos y abrazos escatimados anteriormente a los seres queridos, de premiar a quienes nos han regalado su cultura y su arte, adquiriendo sus libros, yendo a conciertos o a las funciones de teatro; también, por supuesto, a quienes se juegan su vida, no por ser superhéroes, que esos no existen, sino porque creen cumplir con su obligación. En definitiva, ganas de comerse la vida, la única que tenemos y que muchos parecen haber descubierto ahora.

Olvidamos que no son nuestros ni el lápiz ni el papel, y nuestra mano como mucho, solo es el instrumento que utiliza esas herramientas al servicio de quienes ostentan el verdadero poder.  Sabemos cómo nos gustaría que fuese ese nuevo mundo, pero también sabemos porque nos lo recuerdan cada día, que lo único cierto es que será un mundo menos libre, menos humano, con más impuestos, más miseria y, sobre todo, con ciudadanos más temerosos. A las personas se les pondrá en la tesitura de elegir entre libertad o seguridad, y los amos del lápiz y el papel habrán vuelto a ganar, igual que cuando éramos pequeños y el dueño del balón no solo tenía que jugar, sino que, o se hacía lo que él quería o se llevaba la pelota y se acababa el partido.

 

Esta noche, al sacar al Twidy al final de la calle, a apenas cincuenta metros, donde ya es montaña, y situado en la pequeña plazoleta desde donde se divisa una ciudad envuelta en una atmosfera lechosa que la borraba y redibujaba continuamente, por la velocidad con la que circulaban las nubes bajas, empujadas por el viento, no he sentido la sensación de flotar en el inmenso silencio, solo he sentido la otra sensación, la del temor por un presente incierto y un futuro en el que no consigo verme situado por alguna extraña razón.


domingo, 5 de abril de 2020

Historias de la Nueva Era: El Domingo de Ramos (Desconfinando la memoria)

 

Hubo un tiempo en que “el día de la palma” era una fecha marcada en el calendario. Era la España del nacional-catolicismo, pero mayoritariamente (por lo que puedo recordar), la fecha era especial, no por las cuestiones religiosas, sino porque en la mayoría de familias ese día era una especie de “presentación en sociedad” para el nuevo año, después de meses de braseros y sabañones, cobijados en las casas. Con unas economías muy limitadas, era habitual que se adquiriese alguna prenda nueva, en el mejor de los casos, o las madres hiciesen un vestidito o pantaloncitos para los niños, “esto para estrenar en la palma”, se decía. Naturalmente una o dos tallas de más, igual que los zapatos, para intentar solventar “el estirón” y que durasen al menos un par de temporadas. No eran tiempos de muchas fiestas y alegrías, por lo que ese día recuerdo que se esperaba con ilusión, como una buena excusa para juntarnos con los amigos.

Los vecinos del barrio acostumbrábamos a peregrinar al monasterio de Pedralbes, a apenas dos kilómetros, caminando, porque las dos líneas de autobús que pasaban por allí, el SJ y el BC, tardaban más de una hora en pasar y lo habitual era que ni tan siquiera parasen, porque solían ir completos en días y horas señalados.

En aquellos años, finales de los cincuenta y principios de los sesenta, la iglesia del monasterio se ponía a reventar, por lo que había más gente fuera que dentro, pero en realidad eso era lo de menos. Cuando acababa la ceremonia, salía el cura y bendecía las palmas y palmones. Las niñas bien, llevaban unas palmas alambicadas, con una forma parecida a los farolillos, de las que colgaban toda clase de chismes de caramelo, en forma de rosario, bastones, ristras de ajos, juguetitos… Los palmones de los niños, básicamente, eran una competición de “a ver quien la tenía más larga”, y se adornaban con guirnaldas navideñas y algún patético lazo en la punta. Una vez bendecidas, se realizaban las pertinentes fotografías en los jardincillos del entorno, y entonces, bastantes niños se dedicaban a golpear los palmones contra el suelo, para desmocharlos y algunos destrozarlos casi por completo. Otros más ñoños, como yo, procurábamos resolver las peleas con quienes pretendían quitártelas para desmocharlas, e intentar que llegasen salvas a casa, donde permanecían todo el año, secándose, atadas a lo largo en la parte exterior de la terraza.

Luego, vendrían los días y horas de tétricos curas vestidos de negro en una televisión en blanco y negro, de la repetición año tras año, de Fray Escoba, Marcelino Pan y Vino, de gentes procesionando tras figuras, que parecían sacadas de una película sado-masoquista, encapuchados, encadenados, lacerándose la piel y destrozando sus pies descalzos, el olor a cera y naftalina, la oscuridad, mucha oscuridad… pero esa, es otra historia.

 

Esos son solo parte de mis recuerdos de esa festividad, pero creo que no deben de ser muy diferentes para una generación que si por algo nos distinguimos, era por la uniformidad a la que fuimos sometidos.

jueves, 2 de abril de 2020

Historias de la Nueva Era: Diálogos con mi selfi

¿” Crees” en un dios que vigila a los humanos uno a uno e incluso es capaz de leerte el pensamiento y conocer tus deseos o sueños impuros?

Cuestión de fe. Miles de millones de personas no pueden estar equivocadas.

¿” Crees” en un dios que conoce lo que hacen sus fieles en la tierra, y tiene reservados para ellos un harén y felicidad tras su muerte, y para ellas formar parte del harén y servir a los hombres?

Allah es grande. Miles de millones de personas no pueden estar equivocadas, es cuestión de fe.

¿” Crees” que, tras la muerte vives diferentes reencarnaciones, incluso en diferentes especies animales, hasta completar tu karma?

Todo está escrito dentro de ti y en lo que nos rodea, simplemente tienes que observarlo e integrarte, ten fe.

¿” Crees” que hay decenas de miles de vírgenes, de multitud de aspectos y diferentes razas, que se han aparecido a niños y adultos, para predecirles el futuro y pedirles que edificasen templos en su honor, en esos lugares?

Tú no lo entenderías porque eres un incrédulo, la madre de dios viene a vernos para protegernos. A mi virgen no me la toques, si no crees en dios no creas, pero a mi virgen, a la virgen de mi tierra, ni tocarla. Es cuestión de fe.

¿” Crees” que la llamada “crisis financiera” fue culpa de los ciudadanos, y no de los banqueros y oligarquías que los saquearon, y después de eso han seguido ocupando los puestos de poder en el mundo?

Naturalmente, la irresponsabilidad de los ciudadanos estirando más el brazo que la manga y viviendo por encima de sus posibilidades, fue la causante de su propia desgracia.

¿” Crees” que una sopa de murciélago en China, es la causante de una pandemia que en solo cuatro meses se ha extendido en todo el mundo y matado miles de personas, previsiblemente cientos de miles en el futuro, pese a que algunas personas infectadas no tienen conexión con los transmitentes?

No cabe duda que la culpa es de los chinos, que comen de todo y sin cuidado alguno. Sí, todo empezó con una sopa de murciélago que se vendió en un mercado de Wuhan, te lo han dicho los responsables gubernamentales de todo el mundo.

¿No” crees” que todo esto pueda ser una operación organizada por las oligarquías que realmente gobiernan el mundo, los de Skull and Bones y los herederos de los Iluminati, entre otros, reunidos en el llamado Grupo de Bilderberg, para reducir la población mundial, empezando por los más débiles, enfermos crónicos y ancianos, y así poder seguir manteniendo sus privilegios y su “estilo de vida”?

¿Y si en lugar de una cosa tan absurda como una sopa de murciélago, el método más rápido y letal para conseguirlo, fuera el medio más utilizado en todo el mundo; por ejemplo, insertando un “virus” en las comunicaciones a través de los teléfonos móviles, que ocasionasen que el cerebro diese instrucciones falsas al organismo y provocase la enfermedad?

¿No te parece extraño que el primer médico chino en detectar el virus, fuese “silenciado” y repudiado, falleciendo semanas después, presuntamente por estar infectado de algo que no se había reconocido oficialmente cuando lo denunció?

¿No resulta sintomático que el marido consorte de la reina del Imperio Britanico, con representación en el Grupo Bilderberg, manifestase hace más de treinta años que, si volviera a nacer, le gustaría reencarnarse en un virus que matase unos miles de millones de personas?

¿A nadie resulta extraño que el Torneo de Wimbledon no sufra pérdidas económicas tras haberlo suspendido, porque curiosamente, la póliza de seguros incluía una cláusula que “cubría una posible pandemia mundial”? ¿Hasta hace tres meses había alguna diferencia lógica, entre poner una cláusula que cubriese una pandemia mundial o un aterrizaje extraterrestre en las pistas de tenis? ¿No es curioso que la familia real británica sea una de las promotoras del Torneo de Wimbledon e incluso la encargada de entregar los trofeos?

Eres un paranoico, conspiranoico. Un comunista-populista de mente sucia que solo quiere echar basura sobre una clase social y la monarquía. Vamos a ver ¿QUÉ PRUEBAS TIENES DE ESA CONSPIRACIÓN MUNDIAL?

Es cuestión de fe.

Eres un enfermo.

No, aun no, pero estoy seguro que lo estaré.


miércoles, 1 de abril de 2020

Historias de la Nueva Era: Los que se van en el anonimato


Coros de siemprevivas

giran locos pidiendo eternidades.

Sus señas expresivas

hieren las dos mitades

del mapa que rezuma soledades.

 

El arpa y su lamento

prendido en nervios de metal dorado,

tanto dulce instrumento

resonante o delgado,

buscan ¡oh soledad! tu reino helado.

 

Mientras tú, inaccesible

para la verde lepra del sonido,

no hay altura posible

ni labio conocido

por donde llegue a ti nuestro gemido.

 

(SOLEDAD - FEDERICO GARCÍA LORCA)

 

En la despedida, no tienen de sus seres queridos, ni un te quiero, ni un adiós, pero es que hasta sus cuerpos parece que deban ser inhumados en la clandestinidad, porque ya ni tan siquiera suenan las campanas para estos miles de seres humanos cuya única culpa era haber estado vivos.

Creo que no hay consuelo para ese dolor.





martes, 31 de marzo de 2020

Historias de la Nueva Era: El contrato de trabajo

Dicen que estos días la gente aprovecha para hacer las cosas que no puede por falta de tiempo o voluntad en su vida habitual. Que se comparte más tiempo (todo) con la familia de casa. Algunos leen esos libros que quizá abrieron muchas veces y tras descansar un par de días sobre la mesita de noche, volvieron a la estantería de “los libros olvidados”, que llamaba Zafón; otros aprovechan para remover el baúl de los recuerdos, donde aparecen decenas, cientos o cuantas sean, fotografías y por fin se deciden a hacer algo con ellas, ordenarlas y buscarles un lugar físico, donde sacarlas a la vida. Quienes tenían deseos artísticos por la pintura, y compraron en alguna oferta de supermercado o atrapados por el atractivo de un escaparate, aquella caja de oleos, temperas o acuarelas, y unos cuantos pinceles, por fin pueden dar rienda a su ilusión. También quienes tenían inquietudes musicales, escritores… e incluso los que sienten el placer de ver volar a una mosca sin verla, simplemente estando con ellos mismos.

 

Cuando firmamos un contrato de trabajo, plasmamos un acuerdo por el cual una persona (el trabajador), vende su tiempo (que incluye intelecto y esfuerzo físico), durante un periodo convenido, y a cambio, recibe un dinero. Dicho de otra manera, ponemos precio a unas horas de nuestra vida y se las vendemos a otro (el empresario). También los autónomos ponen precio a parte del tiempo de su vida (que también incluye intelecto y esfuerzo físico) y se la venden a otros (los clientes).

Sucede que esto no se cumple porque, en realidad, nos educan para vivir en el hormiguero, en una sociedad con el mismo carácter que rige a la de las hormigas y trabajar de sol a sol. No nos engañan, ya de pequeños nos domesticaban con fábulas como “la cigarra y la hormiga”, e incluso los especialistas no se recatan al admitir que, las fabulas, están hechas para entretener y “educar” a los niños.

La idea es que el trabajador reciba ese dinero, no por una parte de su vida, sino por la mayor parte, cuando no por toda ella, y así ese sistema esclavista fue enmascarado en un atractivo paquete, envuelto en papel de regalo y bonito lazo, al que dieron a llamar “liberalismo”. Para ello cuentan con otros trabajadores, que son quienes controlan a sus compañeros, afean su escasa o nula dedicación altruista hacia la empresa y hacen de cómplices empresariales con el uso y abuso de las redes sociales, a las que está subordinado el trabajador las veinticuatro horas del día. Todo esto se consigue sometiendo a los trabajadores a un esfuerzo límite, físico y psíquico, conocido como “carga mental”, para que, incluso en las horas de nuestra vida que no hemos vendido, el cerebro siga trabajando para el presunto comprador. Y es que, aunque naturalmente eso no se exprese, el comprador también se cree con derecho a incluir en la compra nuestra salud.

 

Dicen que estos días la gente aprovecha para hacer las cosas que no puede por falta de tiempo o voluntad, porque no nos quieren decir que estos días la gente aprovecha para “hacer su vida”.

Nos dicen esto, pero sobretodo nos cuentan que el futuro va a ser muy duro, que muchas personas se quedarán en el paro, que por muchas moratorias que les pongan a las deudas, tienen un futuro pleno de nubarrones. Bastantes perderán sus viviendas de las que se creían propietarios, y bastantes serán expulsados de sus pisos de alquiler. Que muchas empresas, sobre todo las pequeñas y muchos autónomos, se verán obligados a cerrar… y por la noche cerramos los ojos con el miedo por la salud de los nuestros, pero también por el futuro que nos espera, sobre todo a nuestros hijos, y por eso alguno nos descubrimos de madrugada prácticamente aterrorizados.

En realidad, lo que nos están diciendo es que esto, lo que estamos viviendo ahora a nivel personal, es una pausa, un accidente, y que la vida no es así; que la única forma de sobrevivir es la de antes, la de siempre, la de mirar lacónicamente el libro en la estantería y la pintura y los pinceles en algún cajón, por si algún día…

Esto efectivamente nos afectará a todos, probablemente habrá menos reinas a quienes engordar, pero las hormigas tendremos que seguir arrastrando el grano, porque para nosotros siempre hay un invierno en el futuro.