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martes, 13 de septiembre de 2016

I- SUCEDIÓ UNA VEZ EN TARIFA



Era el año 1964 cuando la familia fuimos de vacaciones a Tarifa. Mi madre se había pasado el año tachando en el calendario los días que faltaban para volver a reencontrarse con sus hermanas y su pueblo por primera (y lamentablemente última vez), tras doce años de haber salido de él.

Mis recuerdos, en blanco y negro, son los de un niño de ocho años alucinado por el descubrimiento de un mundo totalmente desconocido. Las dos hermanas de mi madre se habían casado con dos hermanos que, en el reparto de la herencia, lindaban sus dos cortijos junto a los de un tercero. También el de unos primos con los que compartía edad, pero una forma de vida totalmente diferente. Allí descubrí que era posible vivir sin luz eléctrica, que el "pan macho" se hacía en un horno del patio del cortijo, que la vida transcurría entre que salía y se ponía el sol, y ese tiempo era un continuo no parar. En ese y años posteriores también descubrí las moscas de caballo, el picor insufrible del "polvillo de las habas", los "piojillos de cigarra", la tragedia de la perdida de una vaca, la angustia de intentar encontrar un pozo de agua potable cuando uno se secaba o inutilizaba porque había muerto un animal dentro, que los pavos y gallinas se tenían que poner siempre contra el viento para que el levante, el mismo que había dado forma a los arboles del camino, no les diese la vuelta a las plumas, y sobre todo, que aquella gente, mi familia, nos ofrecían todo lo que tenían.

Recuerdo que, por las noches, entre las callejuelas inclinadas y apenas iluminadas, se oía el ulular del viento de levante, el chocar de las olas en el espigón del puerto, bajo el castillo de Guzmán el Bueno, y el olor del mar en una atmósfera pegajosa y húmeda.
También recuerdo a la tía-abuela Curra, de vocabulario para mi casi ininteligible, llegar al pueblo al atardecer, de negro riguroso y la cabeza siempre tapada por un pañuelo del mismo color (las "tapadas" de Tarifa), sobre la burra en la que transportaba dos cantaros de leche a cada lado, que ella vendía por las casas.
A la cuñada de mi tía, quien mientras tomábamos un café de puchero al que me había invitado en la cocina de su cortijo, mirando hacía la ventana por la que se veía el atardecer con la Luna sobre los montes del horizonte, me preguntaba "Pues no que dicen que han llegado unos hombres a la Luna ¿tú te crees que es verdad eso?, anda ya, ¿cómo van a estar unos hombres ahí con lo "chica" que es la Luna? si no caben, se caerían". Y es que para un "campero" la Luna es su calendario, el que le dice que no se deben sembrar los ajos cuando está llena porque se salen de la tierra, y cosas así.

En aquellos tiempos las muchachas de Tarifa decían que los hombres en aquel pueblo u olían a vaca o a "pescao".
Ya habían pasado los mejores años en los que el armador Diego Piñero, fallecido una decena de años antes, recorría las tabernas seguido por una recua de gorrones y prostitutas, y de los pescadores de sus barcos que, una vez retornados de los bancos de pesca marroquís, y sus amoríos en Larache o Casablanca, entregaban parte del dinero a sus mujeres, y el resto, a manos llenas, lo remojaban en las tabernas de Tarifa para compensar las semanas o meses de abstinencia; pero los herederos del armador aun echaban su flota a la mar.
Por allí también pasó la tan "alabada" transición. Marruecos decidió extender unilateralmente sus aguas territoriales y los barcos pesqueros que se alejaban un poco de la costa española eran apresados por las patrulleras marroquís, obligándoles a seguirlos hasta Tánger para imponerles una multa a modo de rescate. Prácticamente se acabaron las buenas relaciones, las tripulaciones mixtas hispano-marroquís de toda la vida y por eso y otras cosas, el declive de la pesca en Tarifa.

En esa época la Costa del Sol se encontraba en su máximo apogeo, y era el lugar patrocinado por el "régimen" y el "post-régimen" para atraer a la llamada "jet-set" (básicamente zángano/as, vividores, millonarios de dudoso currículo, descendientes dinásticos de monarquías desaparecidas, y demás fauna por el estilo), y lógicamente se necesitaba mano de obra (a ser posible sumisa y barata), para atender a todos estos. El campo daba como mucho para vivir, pero no para obtener el dinero básico para una vida digna, así que los hijos de los "camperos" (mis primos entre otros), tenían que aprovechar esos trabajos de temporada en la costa, para arrimar unos dineros a sus familias. Eran jóvenes necesitados, trabajadores y serviles, obligados por la necesidad, y claro, después de haber conseguido tener algún billete en el bolsillo y conocer ese otro mundo en el que no había que estar mirando continuamente al cielo o dependiendo de la salud del animal, ¿quién estaba mentalizado para volver a aquella vida de sacrificios?

El pueblo languidecía a ojos de quienes lo visitábamos periódicamente. Por fin habían decidido extraer los restos de la ciudad de Baelo Claudia (Bolonia) del fondo del mar, pero de momento solo eran un montón de piedras tras una alambrada. La familia y los amigos nos seguíamos juntando a tomar unas copas de Chiclana en el bar Morilla, pero se notaba que aquello solo era un espejismo de verano y que luego todo volvería a aquel "no saber qué va a ser".... entonces apareció alguien subido en una tabla con una vela, y sopló el levante con la fuerza de siempre, y entonces, aparecieron más y más… Pero esa es otra historia.



Puerto de Tarifa 1.964

Casa de mis tíos Juana y Salvador en Tarifa

Cortijo de los tíos Salvador y Juana 1.967

Al fondo el cortijo de los tíos Curro y Francisca 1.967

Los cortijos y su entorno

Arboles "domesticados" por el levante en el camino del cortijo

Tarifa - Puerta de Jerez 1.976

Tarifa "la transición" en la Alameda 1.979

Puerto de Tarifa 1.979

Barco pesquero saliendo del puerto de Tarifa 1.979

El cortijo

Cortijo. Trillando en la era 1.976

Cortijo. Trillando en la era 1.976


Tía Juana en el cortijo 1.979

cortijo 1.979

Cortijo 1.980

Playa de Bolonia 1.980

Ruinas de Bolonia 1.980

El estrecho desde el mirador de Tarifa 1.980


Tarifa 1.980


Camino de la isla de las Palomas. Tarifa 1.980

Tarifa. Playa de los Lances 1.980


Tarifa. Playa de los Lances 1.980

Tarifa. Playa de los Lances 1.980

Tarifa. Playa de los Lances 1.980

jueves, 8 de septiembre de 2016

YUSEF, EL HOMBRE ARAÑA



Tánger, agosto de 2.016. Yusef es uno más de los centenares de vendedores/acosadores callejeros. Uno de esos embutidos en la “gandora” blanca muy habitual, a los que un viajero bloguero (con bastantes seguidores) en los que me documenté previo al viaje, denomina "araña" porque te envuelven en su telaraña de palabras y sonrisas y no te dejan escapar (sobre esto me referiré al final de la historia).

Íbamos a entrar en un comercio cuando Yusef se dirige a mí con su retahíla y el manojo de baratijas. Ante mi negativa dice "te espero aquí fuera y cuando salgas me das un Euro para un café" (directo al subconsciente de un occidental). Y como no podía ser de otra forma, cuando salimos allí estaba él apostado en la acera de enfrente, sin poder ocultar su sorpresa de que la mosca se suicidase directamente ante la araña, y fui yo quien me dirigí a él para darle el Euro.

Ahí empezó la sarta esa (también bastante habitual), sobre su amor a los españoles, su idea de que nos tenemos que ayudar unos a otros porque somos vecinos, compartimos historia y tal y tal... que ha visto que estábamos interesados en unas sandalias y que él, por el aprecio que nos tiene a los españoles, nos va a llevar a la tienda de un amigo que nos va a hacer el mejor precio de Tánger. Obviamente otra de las características de muchos de ellos es la de comisionistas y la captación de turistas para llevarlos a "sus" tiendas.
A paso ligero, Yusef, mientras nos cuenta que hace unos años estuvo viviendo en Madrid, nos lleva entre las callejuelas estrechas y retorcidas de la vieja Medina, calles con pocos comercios y ningún turista. Una insensatez, dicen. Sin embargo, llegamos a la tienda de su "amigo", típica tienda/taller de marroquinería. Intercambian unas palabras en árabe (nos pide disculpas por ello) y nos dice que le digamos que calzado nos gusta de todo lo que tiene expuesto. Una vez elegido (como es habitual se niegan a decirte el precio de las cosas hasta que confirmas que lo quieres y ahí empieza el regateo), nos da el mismo precio que en la tienda anterior. Nos hacemos los indignados, vuelven a hablar en árabe y Yusef nos dice que se lo ha hecho reconsiderar al vendedor "porque somos amigos españoles" y nos rebaja dos euros. Para no alargar más la cosa aceptamos y nos despedimos en la misma puerta de la tienda.

Unos diez minutos después, otra vez en la Rue Siaghine volvemos a toparnos con Yusef. Vuelve a mostrar las baratijas y con cara de pena nos vuelve a pedir que le compremos algo de lo que lleva porque no ha vendido nada en todo el día. Nos dice que ese país está muy mal, que se pasa hambre y no hay trabajo (pienso que más de cuatro millones de españoles podrían decir lo mismo del nuestro). Efectivamente Yusef está extremadamente delgado. Le compramos una mano de Fátima por hacerle un favor y cuando nos despedimos nos presentamos por primera vez. Ahí es cuando sabemos que se llama Yusef y le hace mucha gracia que los dos nos llamemos igual. Nos deseamos suerte en la vida y cada uno nos vamos por nuestro lado.
Antes de ir al Petit Socco, punto de encuentro con Rashid, el guía, entramos en el Mercado Central a comprar alguna cosa, y al girar uno de los pasillos, casi nos damos de bruces con Yusef. ¿Será verdad lo de la araña y la telaraña y aun no nos hemos dado cuenta que estamos irremisiblemente atrapados en ella?

El Yusef que nos habla no es el vendedor del que nos habíamos despedido unos minutos antes. En las manos lleva un envoltorio en papel de estraza y lo abre para enseñárnoslo mientras nos dice: "mirad lo que he podido comprar gracias a lo que me habéis dado vosotros", y nos enseña una porción de carne picada del tamaño de un puño. "hoy podremos comer carne en casa porque mi mujer está ¿cómo decís vosotros? ¿embarazada?" "Le hicieron una ecografía y es un niño". A Yusef se le ilumina esa mirada oscura en profundos cuencos y la verdad es que se nos calló el alma.

Aproximadamente una hora después nos dirigimos a embarcar y nos despedimos del guía Rashid.
Rashid, que debe rondar los sesenta años, es un tipo socarrón que adereza sus explicaciones con comentarios graciosos que el mismo culmina con una larga risilla, jijijijiji o ajajajaja musicalmente entonada.
A lo largo de la jornada habíamos creado una cierta complicidad con él, seguramente porque éramos los más "viejos" del grupo. En una de nuestras conversaciones lo vimos triste por primera vez. Nos contó que cuando era joven se embarcó en una patera con su mejor amigo para huir a España y que cuando llegaron, le dijo a la policía que lo devolviesen a Marruecos. En la travesía a España pensó en su familia y no pudo soportar la idea de no volver a ver a su madre en quince o veinte años. Su amigo le rogó que no volviese, que habían sufrido mucho para llegar hasta allí, pero fue inútil.
Rashid mira al infinito y se le humedecen los ojos cuando nos cuenta que cinco años después fue a recibir a su amigo al puerto. Venia dentro de una caja de madera. Había fallecido por causa de la droga. Nos dice que fue uno de los días más tristes de su vida, porque aquel había sido su mejor amigo desde la infancia.

En la travesía de regreso a Tarifa pienso en Yusef y el término despectivo de "araña", y pienso en que el bloguero “viajero empedernido”, los define así "porque te envuelven en su telaraña, con palabras y sonrisas", a lo que añade que son "embaucadores", y siento que seguramente es así y que es su forma de sobrevivir. La forma que tienen para poder llevar un poco de carne a su familia.


El banquero embutido en su Emidio Tucci que envuelve en "su telaraña, con palabras y sonrisas, para embaucar a unos ancianos y robarles sus ahorros, "colocándoles Preferentes" y con eso poder comprarse un buen coche, casa y segunda residencia (lo que sería la carne picada) si no es una araña, ¿qué es, escorpión?

miércoles, 13 de julio de 2016

LA TÉRMICA DE SANT ADRIÁ DEL BESÓS


Ocurrió hace 43 años, el 3 de abril de 1973. “Ese día murió Manuel Fernández Márquez, Obrero. Pero no de cansancio, como morimos muchos. Pero no de accidente de trabajo, como seguimos muriendo. Pero no de hambre y de miedo, como quisieran que muriésemos. Murió por gritar que no quería morir por nada de eso. Murió por gritar “Yo soy yo y mis compañeros”. Así empezaba el poema que un compañero de trabajo comenzó a leer en el funeral y que no pudo acabar porque la policía arremetió contra la multitud congregada para repudiar el crimen.
Manuel Fernández Márquez, asesinado por el régimen fascista en Sant Adrià de Besòs, había nacido en Badajoz en 1946.

En aquellas fechas, los casi dos mil obreros de la central térmica, estaban en plena lucha. Reclamaban 40 horas semanales de trabajo, en lugar de las 56 que hacían, un incremento de los sueldos, cobrar el salario íntegro en caso de enfermedad y el derecho de reunión en la empresa.
Aquel 3 de abril, cuando el turno de las siete llegó a la central, las puertas de la térmica estaban cerradas. Un auténtico ejército les esperaba: una brigada de policía especial traída desde Valladolid, un destacamento de policía nacional a caballo y un grupo de guardias civiles apostados en las dos torres de la central, componían aquella tropa de la vergüenza.
La dirección de la empresa quería que, en lugar de acceder todos los trabajadores juntos, lo hiciesen de cinco en cinco. Los trabajadores se negaron, algunos cortaron la cercana vía del tren.
En la tercera carga, la policía ametralla directamente a los trabajadores. Serafín Villegas Gómez, de 25 años, es herido de bala y Manuel Fernández Márquez cae abatido mortalmente a su lado.

Su nieta, años después escribiría: “Mi abuelo era de Extremadura y solo llevaba tres meses en Santa Coloma. Años después le dedicaron una calle en Sant Adrià del Besós, la calle Manuel Fernández Márquez, una calle normal y corriente que tiene nombre de persona normal y corriente porque está dedicada a la memoria de un trabajador, como muchos otros, que la policía del régimen de Franco mató sin que nadie entendiera por qué”.
Esto es un extracto del artículo aparecido en "eldiario.es" edición Extremadura. Aquellos eran tiempos de conquista de derechos y estos son de intentar que no nos roben los que habían conseguido los trabajadores de este país a costa de derramamiento de sangre y cárcel, pero está claro que aquella generación pasó y para esta, lo que no ha costado esfuerzo no se valora y así va a los trabajadores de hoy en día, que asisten como abducidos por el "soma", al expolio de sus condiciones de trabajo y sociales por los de siempre y los colaboracionistas traidores a su clase.

miércoles, 15 de junio de 2016

VIVIR A CUERPO DE REY


La semana pasada en los Encantes, en esa especie de top manta que están básicamente en manos de magrebies instaladas en la parte baja del mercado, donde se amontonan lo mismo un mobiliario completo de estilo victoriano, que los enseres domésticos de cualquier masía que pudiera haber permanecido cerrada durante decenas de años, o stoks enteros de comercios (mercerías, ferreterías, talleres de relojería, cosas de casa, etc), y las más habituales de montones de libros de todo tipo, muchos de ellos descuadernados bajo las suelas de quienes se internan entre ellos para mirarlos más de cerca, adquirí uno de estos libros a 1 euro de una edición de "El Periódico" con las portadas más notables de sus primeros cinco años de vida (de 1978 a 1983). Hoy en día con Internet se puede acceder a la hemeroteca de algún diario especifico, aunque completas y gratuitas yo solo he podido acceder a la de La Vanguardia (impresionante y de bastante buena calidad) y la del ABC. Es curioso que estos dos periódicos de derechas sean los únicos (que yo sepa) de acceso público gratuito y claro, la información tiene un tinte bastante sesgado, sobre todo la del ABC (faltaría más). La de La Vanguardia tiene la particularidad de que, obviando la línea editorial, se puede acceder a los diarios íntegros en formato PDF desde 1881 (135 años) y un excelente motor de búsqueda.
Para los antiguos como yo no deja de tener su que sentir todavía el amarillento papel entre las manos y claro, no me pude resistir. Hay bastantes noticias de esos años que me han llamado la atención y, sobre todo, lo mucho que hemos cambiado en esta sociedad desde entonces. Claro que también me ha sorprendido que el reflejo de aquellos días de falta de libertades, pese a que ya había desaparecido el dictador y en España estrenábamos Constitución, es evidente que vivimos en estos momentos una descarada involución que nos quiere devolver a aquellas catacumbas. Desde el año 78 hasta el 83 se repetían muy a menudo las noticias relacionadas con "el ruido de sables" y una latente amenaza de golpe militar, declaraciones golpistas e insumisiones que se pasaron por alto. En aquel ambiente de amenaza se aprobó la Constitución y muchas de las leyes que ahora nos venden como "transición modélica" o "acuerdo entre todos los españoles". También se formalizó el olvido de quienes sufrieron las agresiones de un régimen dirigido por los padres de muchos de los que ahora nos mandan o quieren hacerlo y, lo que es peor, sostenidos por bastantes de los hijos de aquellos desheredados.
La página que comparto es la portada del 4 de octubre de 1981 y claro, llama mucho la atención lo de pedirle al entonces príncipe Felipe que "sea otro Juan Carlos", es decir, se supone que "campechano" . El campechano ese protegido por los medios de comunicación y los poderes facticos por casi cuarenta años que ha aprovechado para amasar una ingente fortuna (mucha de ella conseguida en tratos con delincuentes, contrabandistas, déspotas y demás ralea por el estilo, según se cuenta), que ha aprovechado para meter entre sus sabanas a no se sabe cuántas señoras de clase bien y mal, que se ha dedicado impunemente a asesinar animales en peligro de extinción y para que seguir... antes de seguir viviendo de todos nosotros pero ahora ya sin el paripé de tener que representar a este país de corruptos (que hay que reconocer que en eso era ideal)
"Que sea otro Juan Carlos" y parece que si. Cierto que no se conocen de momento líos de faldas, pero visto lo que salió de su aventajado padre antes de "caer" (si, una vez más), no parece que sorprendiese a mucha gente algo parecido. Por lo demás, reina (que no gobierna) junto a una tal que se ha "transformado" en una Barbie a costa de nuestros dineros. Unos reyes que en realidad son totalmente prescindibles y sin embargo ahí están viviendo a nuestra costa... VIVIENDO A CUERPO DE REY

martes, 7 de junio de 2016

Antonio "el chatarrero"




Antonio, "el chatarrero", tiene 93 años y es fácil verlo montaña arriba y abajo, controlando que las obras que se realizan en la parte alta del barrio no arranquen la tubería de agua que llega a su casa de la ladera de la montaña, en pleno parque de Collçerola.

Antonio es de Almería y llegó a este barrio con su familia hará cerca de medio siglo. Se fue abriendo camino, primero ejerciendo de taxista con un Dodge Dart de su propiedad, luego repartiendo las comidas que hacían en su casa a un colegio privado del barrio, donde al parecer importaban poco las condiciones higiénicas en que se elaboraban, y ya estos últimos años, recogiendo chatarra.
Antonio no ha cotizado nunca, siempre ha trabajado en negro, pero eso no ha sido óbice para reclamar las ayudas sociales para él y para su hija, Elisabeth, que vive con él y una niña que le hizo un "enmigrante" sudamericano, al que echó de su casa acusándolo de vivir del cuento.
Él siempre había tenido claro quiénes eran los culpables de la situación del país, los socialistas y los "enmigrantes"; los moros esos que llenan las consultas de la seguridad social, que tienen ventanillas especiales en la administración donde los atienden por delante de "los epañoleh", y sobre todo "zapatitos", que "ha repartido entre sus amigos los dineros de los “epañoleh", y organizó la matanza de los trenes de Madrid para ser presidente. El Rubalcaba y el Felipe, que son los que montaron el 23F, están detrás de la ETA, y de todo lo que se menea en el país.
Efectivamente, Antonio solo escucha la COPE y obviamente nunca se ha perdido una convocatoria electoral para dar su voto al PP.
Lo peor de todo esto es que se puede decir de él que es una buena persona, y yo me pregunto cuántas buenas personas de este estilo, son los que soportan a esa banda de corruptos a la que siguen votando mayoritariamente los "chatarreros" españoles.

No hace muchos días mientras paseaba con Twidy, mi perro, me encontré a Antonio en el camino que lleva a su casa, y que él mismo, enjuto y reseco como el tronco de un árbol viejo, se encarga de ir acondicionando por los deterioros de las lluvias. Su oído deja mucho que desear, pero la vista la tiene impecable y me reconoció a casi un centenar de metros.
En estas últimas semanas su mundo se ha ido desmoronando como un castillo de naipes. Se desahoga conmigo y me cuenta sus temores. Que su hija se ha juntado con un “denlincuente” al que le abrió las puertas de su casa, de buena fe, hasta que se dio cuenta que era un borracho que había acabado con sus reservas de “güisqui”, del que a él le gustaba tomar una copita de vez en cuando, y se bebía media docena de latas de cerveza durante la cena. Lo echó de casa, él le amenazó de muerte y su hija, “la Elisabé,” se ha puesto de parte del otro. Ya no come en casa porque piensa que lo quieren envenenar, "que lo quieren quitar de en medio", y que ha tenido que pedir al ayuntamiento que le pongan una persona asistente social porque lo tienen abandonado y su hija le ha vaciado hasta los pocos ahorrillos que tenía en el banco.
Se desahoga conmigo sin mirarme, los ojos acuosos perdidos; mirando sin ver a esa ciudad que se extiende a nuestros pies. Cuando gira su cara hacia mí, las lágrimas van dejando surcos por sus mejillas, que limpia con la bocamanga del jersey.

A Antonio le ha fallado hasta su PP, y no solo porque se haya juntado con los socialistas en muchas cosas, cree él, sino por esa banda de sinvergüenzas que hacen cola para sacar número en los juzgados por haberse llevado el dinero de todos nosotros. Eso sí, Antonio no desiste de la solución para su "Eppaña"; insiste en que este país necesita un Franco para ponernos a todos en cintura. Lo que Antonio igual no ha entendido es que a lo peor ese "Franco" ya está entre nosotros, ya ha impuesto su dictadura y lo único que pasa es que ahora se disfraza con distintos nombres, "los mercados" y "la troika", entre otros; y que, en realidad, su voto y el mío, aunque sean absolutamente contrarios, solo sirven para blanquear esa dictadura en lo que llaman democracia.



lunes, 16 de noviembre de 2015

La modélica transición

La modélica transición.







Esto es en el área 103 de la autovía de Madrid a Zaragoza en la provincia de Guadalajara, aunque al parecer también está en otras áreas de la misma autovía. En la contra etiqueta, sobre la bandera española pone "no se os puede dejar solos".
Lo primero que me viene a la cabeza es preguntarme si es posible imaginar esto mismo en Alemania con la etiqueta de Hitler o en Italia con Mussolini. Yo desde luego no me lo puedo imaginar. Aquí no solo eso, sino que el gobierno de todos los españoles, el de una transición modélica y tal, subvenciona a la Fundación Francisco Franco como si se tratase una ONG, una fundación que tiene como objetivo legal la de guardar, proteger y propagar su memoria mientras niega dinero a quienes desean sacar a sus muertos de las cunetas.
El dictador más asesino y déspota de este país tiene hasta su marca de vino, y no solo eso, sino que TVE se dedica a homenajearlo a través del soplagaitas de Osborne, la nietisima y demás desfile de palanganeros. Y los de Manos Limpias sin decir nada de esto... ah no que son los mismos.

Los medios de intoxicación



Tras tres días sobresaturados de la "operación París" lanzada por los llamados medios de comunicación (en realidad medios de "intoxicación), donde periodistas tan "solventes" como Carlos Herrera se ha hecho un selfi en uno de los lugares de los atentados para que viésemos lo implicado que estaba (o lo que es lo mismo hacer un spot publicitario gratuito para su programa de la COPE), y codazos de esos mismos medios para hacerse un sitio en las conexiones, un "a ver quién consigue más cuota de pantalla", de lo que no me cabe duda alguno fardará uno de estos días sobre que ha sido el medio más visto. Incluso teniendo en cuenta el estupor que me ha causado que aviones franceses hayan bombardeado y masacrado a una población con la excusa de la presencia de presuntos terroristas y, a pesar de ello, el mundo siga ondeando la bandera tricolor y cantando "la marsellesa" con absoluto desprecio a esas víctimas colaterales, que se estarán preguntando que han hecho ellos para ser masacrados por ISIS y por sus presuntos vengadores. 

Pues bien, a pesar de todo esto, casi lo que más me llama la atención son los mensajes de "ofendidos" por los comentarios que piden una lógica (según mi opinión), coherencia en condenar todos los actos terroristas los sufra quien los sufra y no solo aquellos que comparten nuestro modelo social. No dudo que la gente haga eso de cambiarse avatares y tal de buena fe, pero también les pediría que dado que ni antes han condenado ni lo harán en el futuro otros actos, al menos no intenten justificar lo injustificable, más que nada porque eso los sitúa al nivel de esos políticos que también ahora han tenido que salir en todos los medios condenando este atentado (de igual forma que salen en el hormiguero, el larguero o donde sea porque están en campaña electoral), siendo políticamente correctos y justificándose en que ahora lo que toca es hablar de París y no de Damasco.